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Al final Jaz decidió quedarse conmigo sin
oponer demasiada resistencia. Le debo haber
pedido que nos casáramos como unas diez
veces, pero me insistía en que no era posible,
que no nos iban a dejar.
había hablado con alguien de plena confianza,
y me dijo: “chini, háganlo (pero no ya...) la única manera de tirar abajo un sistema obsoleto,
absurdo y anticuado es buscar las pequeñas
grietas”.
Entre Semana Santa y abril de 2015 ocurrieron una serie de eventos desafortunados,
de esos que te marcan la vida. Y creo que a
partir de ahí se creó un lazo más fuerte entre
nosotras. Fue como un acuerdo tácito, estar
ahí para la otra siempre. En ese momento, decidimos irnos a vivir juntas y celebrarlo como
toda una boda, nos dimos un “sí” simbólico
en una ceremonia hermosa con gente que
nos ama. Esto fue el 14 de junio del año 2015.
Estábamos casadas, pero sólo para nosotras
y para la gente cercana en nuestras vidas. Nadie más lo vería como un matrimonio. A los
ojos de la ley éramos una pareja de lesbianas que vivía bajo el mismo techo, o un par
de compañeras de habitación pero que no
eran nada la una de la otra. Había que seguir
poniendo “soltera” en los formularios, en los
trámites, en el papeleo burocrático.
Días después sería la Marcha de la Diversidad, donde caminamos de la mano bajo el
dulce anonimato, sin blusa y con la cara completamente pintada de negro. Fue hermoso y
liberador. Finalizada la marcha, terminamos en
un restaurante de comida china rodeadas de
recién conocidos amigos. Les contamos que
hacía dos semanas nos habíamos “casado” y
que además, mi hermosa esposa era hombre
legalmente. Atónitos, se pasaron la cédula de
Jaz con esa misma incredulidad que tuve yo.
Con enorme facilidad logré contagiarlos de
mi entusiasmo por un matrimonio civil y así
fue: entre estos amigos nuevos y yo que logramos que accediera.
Una semana después de la boda, Jaz amaneció enferma, eran las dos de la mañana y estaba
con una fiebre y dolor insoportable, me asusté
muchísimo. No sabía qué hacer (soy la hermana menor y nunca me había tocado cuidar a
nadie), así que llamé a un seguro privado que
tengo y cuando dije que no era yo la persona
afectada sino mi.... ehhhhhh... “pareja” me dijeron que el seguro sólo cubría a mi cónyuge,
hijos y padres”. Obviamente no había tiempo
de discutir. Pagué la consulta, pero con un ligero resentimiento y rabia hacia esta sociedad
de mierda que nos trata como ciudadanos de
segunda. No era justo, definitivamente no.
Cuando estuvo mejor, volví a insistirle. ¿Y si
nos casamos? Pero ella creía que no era posible. Sin embargo, más temprano que tarde la
convencería. Es más, durante Semana Santa lo
Ese fue el día en que decidimos casarnos pasara lo que pasara, desafiar al sistema y aventurarnos sin importar las consecuencias. Para
mí, Jaz es la persona más increíble que haya
conocido en la vida, no es común, no es ordinaria, es la mujer más auténtica que conozco,
la más valiente, tiene pasión, alma y fuego en el
corazón. Es curiosa, intensa, encantadora, chineada, terca y testaruda. Es el tipo de persona
que no tiene ataduras, que se cansa con facilidad de lo banal. Es como un huracán, todo
me lo removió por dentro, me hizo pedazos
con la realidad y me ayudó a enfrentarme a mí
misma, me sostuvo en su pecho mientras luchaba y me armó de nuevo. Me enseñó lo que
es el amor. Lo que es conocer a alguien que
te revuelca desde los cimientos. Alguien por
quien vale la pena luchar, alguien que me inspira desde su profundidad y desde su sencillez. Para mí, ella es lo más importante y es con
quien quiero crecer, crear, trabajar, envejecer
y seguir amándola; quiero cuidarla y protegerla por siempre y para siempre.