Guia Orgullo 16 CR Jun. 2016 | Page 9

9 Al final Jaz decidió quedarse conmigo sin oponer demasiada resistencia. Le debo haber pedido que nos casáramos como unas diez veces, pero me insistía en que no era posible, que no nos iban a dejar. había hablado con alguien de plena confianza, y me dijo: “chini, háganlo (pero no ya...) la única manera de tirar abajo un sistema obsoleto, absurdo y anticuado es buscar las pequeñas grietas”. Entre Semana Santa y abril de 2015 ocurrieron una serie de eventos desafortunados, de esos que te marcan la vida. Y creo que a partir de ahí se creó un lazo más fuerte entre nosotras. Fue como un acuerdo tácito, estar ahí para la otra siempre. En ese momento, decidimos irnos a vivir juntas y celebrarlo como toda una boda, nos dimos un “sí” simbólico en una ceremonia hermosa con gente que nos ama. Esto fue el 14 de junio del año 2015. Estábamos casadas, pero sólo para nosotras y para la gente cercana en nuestras vidas. Nadie más lo vería como un matrimonio. A los ojos de la ley éramos una pareja de lesbianas que vivía bajo el mismo techo, o un par de compañeras de habitación pero que no eran nada la una de la otra. Había que seguir poniendo “soltera” en los formularios, en los trámites, en el papeleo burocrático. Días después sería la Marcha de la Diversidad, donde caminamos de la mano bajo el dulce anonimato, sin blusa y con la cara completamente pintada de negro. Fue hermoso y liberador. Finalizada la marcha, terminamos en un restaurante de comida china rodeadas de recién conocidos amigos. Les contamos que hacía dos semanas nos habíamos “casado” y que además, mi hermosa esposa era hombre legalmente. Atónitos, se pasaron la cédula de Jaz con esa misma incredulidad que tuve yo. Con enorme facilidad logré contagiarlos de mi entusiasmo por un matrimonio civil y así fue: entre estos amigos nuevos y yo que logramos que accediera. Una semana después de la boda, Jaz amaneció enferma, eran las dos de la mañana y estaba con una fiebre y dolor insoportable, me asusté muchísimo. No sabía qué hacer (soy la hermana menor y nunca me había tocado cuidar a nadie), así que llamé a un seguro privado que tengo y cuando dije que no era yo la persona afectada sino mi.... ehhhhhh... “pareja” me dijeron que el seguro sólo cubría a mi cónyuge, hijos y padres”. Obviamente no había tiempo de discutir. Pagué la consulta, pero con un ligero resentimiento y rabia hacia esta sociedad de mierda que nos trata como ciudadanos de segunda. No era justo, definitivamente no. Cuando estuvo mejor, volví a insistirle. ¿Y si nos casamos? Pero ella creía que no era posible. Sin embargo, más temprano que tarde la convencería. Es más, durante Semana Santa lo Ese fue el día en que decidimos casarnos pasara lo que pasara, desafiar al sistema y aventurarnos sin importar las consecuencias. Para mí, Jaz es la persona más increíble que haya conocido en la vida, no es común, no es ordinaria, es la mujer más auténtica que conozco, la más valiente, tiene pasión, alma y fuego en el corazón. Es curiosa, intensa, encantadora, chineada, terca y testaruda. Es el tipo de persona que no tiene ataduras, que se cansa con facilidad de lo banal. Es como un huracán, todo me lo removió por dentro, me hizo pedazos con la realidad y me ayudó a enfrentarme a mí misma, me sostuvo en su pecho mientras luchaba y me armó de nuevo. Me enseñó lo que es el amor. Lo que es conocer a alguien que te revuelca desde los cimientos. Alguien por quien vale la pena luchar, alguien que me inspira desde su profundidad y desde su sencillez. Para mí, ella es lo más importante y es con quien quiero crecer, crear, trabajar, envejecer y seguir amándola; quiero cuidarla y protegerla por siempre y para siempre.