Guia Orgullo 16 CR Jun. 2016 | Page 8

8 ¡Y seguimos casadas! Por Lalay Flórez- Estrada Bueno, qué decir, todo el mundo debe conocer ya nuestra historia, no es particular, ni extraordinaria, pero es nuestra, y hoy hablaré un poco desde mi perspectiva más personal. Yo nunca fui la persona que quería casarse, siempre he pensado con cierto desdén acerca del matrimonio. Pero probablemente porque lo veía desde mi propia experiencia, -no tanto por mis abuelos que eran híper católicos y estuvieron juntos hasta el final-, sino porque recuerdo despertar oyendo gritos y peleas perennes en un hogar donde había muerto el amor. Me parece que en la actualidad los matrimonios duran menos y menos. Y mi visión inicial sobre casarse, es la de una chica que creció rodeada de hombres que no sabían amar a las mujeres. Y puedo decir que yo no creía en el amor y nunca me había enamorado. A los 22 me salí del clóset y pasé cinco años siendo una “lesbiana en teoría”. Nunca me había “ligado” a nadie y pensé que pasaría el resto de mi vida sola, porque era muy difícil conocer chicas dentro de la cocina de un restaurante. Jaz llegó a mi mundo a finales del 2014, venía saliendo de una de mis primeras relaciones y no había acabado muy bien parada, así que no quería nada con nadie y no la tomé muy en serio. Pero ella, ¡ella es única! Derribó todos mis muros, todas mis barreras y entró en mi corazón como hierro caliente para deshacer todo mi hielo. Y fui yo quien le propuso casarnos. Yo: la escéptica, la seria, la que no creía en nada ni en nadie. Ella estaba a punto de irse para México a mochilear y fue cuando me enseñó su pasaporte, que tenía la “M” de.... Mujer... o de Macho. Claro que no se lo dije, pero no quería que se fuera. Estábamos pasando tanto tiempo juntas que la perspectiva de que no estuviera más a mi lado me parecía difícil de sobrellevar, así que le aconsejé que pre matriculara la U, sólo por aquello de tener un plan B. “Una nunca sabe...”, le dije.