Guia Orgullo 16 CR Jun. 2016 | Page 65

65 en su rostro los pocos dientes que le quedan( los otros los perdió en una riña callejera) junto a las oquedades donde aquellos habrían estado. Es una sonrisa, pues, un tanto grotesca, pero Ascylto la recibe con todo placer al ver que Encolpio, más viejo y más abatido, todavía lo reconoce como uno de sus amigos en aquellos tiempos en que ambos fueron jóvenes putos y ladronzuelos en el Aventino.
—¡ Ascylto! ¡ Ascylto! ¡ Por Júpiter que no te hubiera reconocido! Vistes como uno de esos mercaderes de Oriente.
—¡ Bah!— responde Ascylto un poco apenado—, no es para tanto. Son trajes que uno debe usar en el oficio nada más. Pero siéntate y come conmigo.
Encolpio toma asiento mientras Ascylto le grita a la esclavilla de la barra para que se aproxime. La muchacha, viendo la pinta desgastada y haraposa de Encolpio se acerca con desgano y le pregunta al nuevo cliente.
—¿ Tienes ases?
—¡ Pero cómo te atreves, perra de mala madre!— espeta Ascylto indignado—. ¿ Quién te da derecho a ofender a mi amigo de tal manera?
La muchacha baja un poco el tono y aclara:
— Es regla de la casa—. Mi ama nos exige a todos preguntar si traen dinero cuando se ven tan … se ven como tu amigo.
— Pues la comida y bebida de mi amigo corre por cuenta mía, basurilla, así es que apresúrate a saber qué es lo que quiere y te vas rápido a traérselo, ¿ entiendes?
La esclava vuelve a ver a Encolpio en espera de que ordene. Pero el recién llegado se siente un poco tímido y no sabe qué decir.
— Anda, hombre, pide lo que quieras,— motiva Ascylto quien subraya su oferta con una mano amiga sobre el hombro del recién llegado.
—¿ Qué estás comiendo tú?— le pregunta Encolpio al amigo pródigo.
—¿ Yo?, pues como ratones en miel con anís. ¡ Están deliciosos!— y luego, dirigiéndose a la esclavilla, le grita— ¿¡ Pero tú qué esperas, hija de lamia!? ¡ Vete ya a la cocina a traer lo que pide mi amigo!
Y la moza se fue rápidamente sin esperar más de nada.
Encolpio se pasó la mano por la cara como recolectando sus ideas mientras Ascylto volvía a darle un mordisco rápido a sus ratoncitos hervidos en agua con miel.
— Pero dime,— le vuelve a preguntar a Encolpio con la boca llena—, ¿ tiene asuntos pendientes por aquí o es que simplemente te gusta el aroma del Foro de los Bueyes?— y con eso espetó una carcajada que le hizo perder algunos trocitos de ratón, ahora mal acomodados en su túnica y sobre parte de la mesa.
Encolpio se volvió a pasar una mano por el cabello y habló suavemente mientras seguía observando, a intervalos, el plato de su amigo donde los restos de comida desaparecían rápidamente, o el pórtico del Templo de la Fortuna Viril, justo al otro lado de la calle.
—¿ Has oído hablar de Séneca el orador,— preguntó Encolpio en un tono suave, casi amargo.
— Y quien no— respondió el otro de nuevo con la boca llena de comida y además haciendo ademanes para que la esclava les trajera más vino—. Ese patricio es más conocido que el culo de mi ex mujer, porque si de Porcia estamos hablando, ya verás que no hay romano que no la haya conocido.
Encolpio sonrió levemente y continuó con su historia a la vez que la esclavilla le servía un plato de barro con tres o cuatro ratones flotando en grasa y miel y puso sobre la mesa una nueva garrafa de vino.
— A ver, hermano,— continúa Ascylto mientras Encolpio se toma un largo trago de vino—. Cuéntame que tienes que ver tú con ese cinaedus de mala madre.( Para serte sincero, no existe un solo patricio que me caiga bien).