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Alicia Gurdían-Fernández
o sus orientaciones sexuales o políticas, se sienten maltratados
o en desventaja.
La doble preocupación ante el fenómeno de la
globalización y la pérdida de lo social en manos de un sujeto
que se erige como verdad última, es algo que encontramos en
distintos pensadores. Por ejemplo, el sociólogo Zygmunt
Barman, (Polonia, 1925),33 en Modernidad líquida34, muestra
cómo las viejas lealtades y las asentadas creencias han pasado
de la antigua solidez a un estado líquido que se amolda a
cualquier necesidad planteada por el imperio del dinero. En su
opinión, se ha creado una élite global desprendida de todo tipo
de territorialidad. El poder de esta élite reside en su capacidad
para eludir toda responsabilidad social.35
33 Barman se ocupa, entre otras, de cuestiones tales como clase, socialismo,
hermenéutica, modernidad y posmodernidad, globalización y nueva pobreza. En su libro
"Vidas desperdiciadas", habla sobre la producción de 'residuos humanos' -más
concretamente de las poblaciones 'superfluas' de emigrantes, refugiados y demás pariascomo una consecuencia inevitable de la modernización. Cómo convivir con los otros ha
sido un problema omnipresente de la sociedad occidental, y Bauman nos presenta las
principales estrategias utilizadas: la separación del otro excluyéndolo (estrategia émica), la
asimilación del otro despojándole de su otredad (estrategia fágica), y la invisibilización del
otro que desaparece del mapa mental.
34 Ampliar en:
http://www.oei.org.ar/edumedia/pdfs/T14_Docu1_Lamodernidadliquida_Bauman.pdf#
search=%22Modernidad%20l%C3%ADquida%20Bauman%22
35 La 'metáfora del jardinero' de Barman se refiere a la contraposición entre culturas
cultivadas, producidas, dirigidas y diseñadas por una parte y las culturas silvestres o
“naturales” por otra. En la primera priva la noción de la necesidad de un poder que ejerza
un diseño artificial, ya que el jardín en que la sociedad se ha convertido no tiene los
recursos necesarios para su propio sustento y auto-reproducción por lo que es
dependiente de este poder. En las culturas silvestres, en cambio, los recursos de autoreproducción están en la propia sociedad y en sus lazos comunitarios, allí que le permitía
saber cuáles eran las malas hierbas, las malezas, y como eliminarlas. Dichas malezas que
crecen en las periferias de la sociedad serán los pobres leídos como clases peligrosas sobre
los cuales se a plican y recaen las fuerzas del poder pastoral…el genocidio sería la máxima
concreción de la jardinería social, la depuración de las malezas en función de la
concreción de una imagen de lo que el jardín debe ser. Para ver como el autor ha seguido
desarrollando la metáfora del jardinero como estado totalitario y su expresión en el
genocidio consulte: Zygmunt Barman (1997) “Modernidad y Holocausto.” Madrid:
Ediciones Sequitur. p.148 y siguientes.