Alicia Gurdían-Fernández
76
•
b)
Economía, que ahora es global, se desvincula
de lo social, de lo cultural y de lo político.
•
Ciudad, la civilidad y la ciudadanía se van.
Además, hemos pasado de una sociedad de lugares a
una de flujos, con movilidad, inmigración, encuentro
y choque entre cult uras. Un problema visible es el de
los inmigrados y las inmigradas. A muchas personas les
o nos cuesta dejar de pensar en términos homogéneos
y hay una dificultad para integrarnos. Se acepta a la
“persona” que llega, si se asimila. De lo contrario, hay
rechazo y se le trata como inferior. En la actualidad,
hay una enorme dificultad en reconocer la diferencia y
a la otra o al otro.
En un mundo en movimiento e imposible de
controlar, ¿Qué tenemos para defender nuestra identidad,
nuestra autonomía o nuestra libertad?
Hoy todo está controlado, fabricado, sólo tenemos un
principio de resistencia y de legitimidad del comportamiento:
defender mi derecho a existir como individuo -como sujeto y
como persona- y no estar fuera del mundo. Los derechos
humanos primero fueron políticos, luego sociales y ahora
culturales. Vivimos un mundo donde las grandes
preocupaciones no son conquistar el mundo sino crearse a sí
mismo. Y hoy nos creamos a partir de la sexualidad como en
otro tiempo a partir del trabajo. Por ejemplo, en los
parlamentos se tratan más problemas culturales, desde la
eutanasia hasta el matrimonio gay, que sociales. El mundo
privado ha invadido el público y la cultura a la política.
Según Touraine, hoy en día, en vez de lucha de clases
están en conflicto dos imágenes opuestas de la individualidad.
Una que defiende la identidad, la homogeneidad, el
comunitarismo, y que elimina las minorías. Otra, que se