LECTURAS COMPLEMENTARIAS
de interpretación. Puedo, y en verdad debo, buscar el motivo-para de la comunicación,
si deseo conocer la meta hacia la cual lleva la comunicación. Además, es evidente por
sí mismo que uno puede buscar los motivos-para aun de aquellos actos de otras
personas que no tienen intención comunicativa. Ya hemos visto esto en el apartado
22. Sólo podemos captar cuál es la vivencia de un autor si encontramos su motivopara. Debemos primero esclarecer su proyecto y seguir luego en una fantasía,
movimiento por movimiento, la sección que podría efectuarlo. En el caso de la acción
su intento de comunicación, el acto completado mismo se interpreta en forma adecuada
como el cumplimiento del motivo-para. Sin embargo, si ocurre que yo sé que el acto
completado es sólo un eslabón dentro de una cadena de medios que llevan a un fin
ulterior, entonces lo que debo hacer es interpretar las vivencias que tiene la otra persona
de este fin ulterior mismo.
Ahora bien, ya hemos visto que podemos ir más allá del motivo-para y buscar el
motivo-porque. Por supuesto, el conocimiento de este último presupone en cualquier
caso el conocimiento del primero. El contexto subjetivo de significado que es el
motivo-para debe verse primero y darse por sentado como un objeto ya constituido
en sí mismo, antes de aventurarse a niveles más profundos. Hablar de tales niveles
más profundos como existentes no significa de ninguna manera que el actor los
vivencie realmente como contextos significativos de su acción. Tampoco significa
que pueda cobrar conciencia, aun en forma retrospectiva, de los Actos politéticos
que, de acuerdo con mi interpretación, han constituido el motivo-para. Por el contrario,
existe toda clase de evidencias contra el punto de vista de que el actor tiene siempre
alguna conciencia del motivo-porque de su acción. Esto se aplica tanto a quien está
estableciendo un significado como a cualquier otro actor. Con seguridad, éste
experimenta las vivencias y Actos intencionales que he interpretado como su motivopara. Sin embargo, no está consciente de ellos, y cuando lo está, ya no es un actor.
Tal conciencia, cuando se produce, es un Acto intencional separado, independiente
de la acción que está interpretando y desligado de ella. Es entonces cuando puede
decirse que un hombre se comprende a sí mismo. Tal autocomprensión es
esencialmente lo mismo que la comprensión de los otros, con esta diferencia, que
por lo común, pero no siempre, tenemos a nuestra disposición un repertorio de
información mucho más rico acerca de nosotros mismos y de nuestro pasado que el
que tienen los otros.
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