LECTURAS COMPLEMENTARIAS
cuyas experiencias se constituyen de la misma manera que las mías. Pero aun esta
similitud es sólo aparente, pues nosotros partimos de la tesis general del flujo de
duración de la otra persona, en tanto que la teoría proyectiva de la empatía salta del
mero hecho de la empatía a la creencia en otras mentes por un acto de fe ciega.
Nuestra teoría sólo explicita las implicaciones de lo que ya está presente en el juicio
autoexplicativo: "Estoy vivenciando a un congénere humano". Sabemos con certeza
que la vivencia que la otra persona tiene de su propia acción es en principio diferente
de nuestra propia representación imaginada de lo que haríamos en la misma situación.
La razón, como ya hemos señalado, consiste en que el significado a que apunta una
acción es siempre en principio subjetivo y sólo accesible al actor. El error de que
padece la teoría de la empatía es doble. En primer lugar, trata ingenuamente de rastrear
la constitución del yo del otro dentro de la conciencia del yo haciéndola remontar a la
empatía, de modo que esta última se transforma en la fuente directa de conocimiento
del otro. 30 En realidad, tal tarea de descubrimiento de la constitución del yo del otro
sólo puede realizarse de una manera trascendentalmente fenomenológica. En segundo
lugar, pretende un conocimiento de la mente de la otra persona que va mucho más
allá del establecimiento de un paralelismo estructura¡ entre esa mente y la mía. No
obstante, cuando nos referimos a acciones que no tienen intención comunicativo,
todo lo que de hecho podemos afirmar acerca del significado de éstas está ya contenido
en la tesis general del yo del otro.
Resulta claro, entonces, que proyectamos imaginativamente el motivo-para de la otra
persona como si fuera nuestro, y luego utilizamos la realización fantaseada de tal
acción como un esquema que nos permite interpretar sus vivencias. Sin embargo,
para impedir un error de interpretación, debería agregarse que sólo se trata aquí de un
análisis reflexivo del acto completado de otra persona. Es una interpretación realizada
después del hecho. Cuando alguien observa directamente a otra persona con la
cual concuerda en la simultaneidad, la situación es diferente. En este caso, la
intencionalidad viviente del observador lo lleva consigo sin que tenga que recurrir
constantemente a su propio pasado o a experiencias imaginarias. La acción de la
otra persona se desarrolla paso a paso ante sus ojos. En tal situación, la identificación
del observador con la persona observada no se realiza partiendo de la meta del acto
30
Para una crítica de la teoría de la empatía, véase Scheler, Wesen und Formen der Sympathie, Pp. 277 y sigs, [T. l., Heath,
P. 241].
225