LECTURAS COMPLEMENTARIAS
mente. Se excluye que se lo preguntamos, puesto que eso requería entrar en una relación
sociailg con él que a su vez implicaría el uso de signos.
Supongamos además que no sabemos nada acerca de nuestro leñador, excepto lo que
vemos ante nuestros ojos. Sometiendo a interpretación nuestras propias percepciones,
sabemos que estamos en presencia de un congénere humano y que sus movimientos
corporales indican que está ocupado en una acción que reconocemos como la de cortar
madera.
Ahora bien, ¿cómo sabemos lo que ocurre en la mente del leñador? Tomando como
punto de partida esta interpretación de nuestros propios datos perceptuales, podemos
planear exactamente en nuestra imaginación cómo realizaríamos nosotros la acción en
cuestión. Luego, podemos imaginarnos realmente haciéndola. En casos como éste
proyectamos entonces la meta de la otra persona como si fuera la nuestra y nos
fantaseamos realizándola. Obsérvese también que proyectamos en este caso la acción
en el tiempo futuro perfecto como completada y que nuestra ejecución imaginada de la
acción va acompañada por las retenciones y reproducciones habituales del proyecto,
aunque, por supuesto, sólo en la fantasía. Además notemos que la ejecución imaginada
puede cumplir o no lograr cumplir el proyecto imaginado.
O en lugar de imaginar para nosotros una acción dentro de la cual realizamos la meta de
la otra persona, podemos recordar en sus detalles concretos cómo hemos realizado
nosotros mismos, en una oportunidad, una acción similar. Tal procedimiento sería
meramente una variación del mismo principio.
En estos dos casos, nos ponemos en lugar del actor e identificamos nuestras vivencias
con las suyas. Podría parecer que estamos aquí repitiendo el error de la bien conocida
teoría "proyectiva" de la empatía. En efecto, interpretamos en este caso nuestras
propias experiencias adjudicándolas a la mente de la otra persona y, por lo tanto,
sólo descubrimos nuestras propias vivencias. Pero si observamos con mayor
detenimiento, veremos que nuestra teoría no tiene nada en común con la de la empatía,
excepto en un punto. Ese punto es la tesis general del tú como el "otro yo", la persona
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El término “relación social’ se utiliza aqui en el vago sentido coloquial de Weber. Pensamos someterlo a un análisis
detallado más adelante, en el apartado 31.
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