FRAY PERICO Y SU BORRICO FrayPericoYSuBorrico | Seite 29

Juan Muñoz Martín Fray Perico y su borrico Fray Perico llegó junto a la tapia trasera del corral del usurero, se subió sobre el burro y trepó como pudo por la pared. El perro famélico que tenía el viejo le mordía en los zancajos y tiraba del borde del hábito dando unos ladridos terribles. El fraile le echó el trozo de cecina para que se callara y se calló mientras saciaba su hambre de tres meses. Fray Perico gateó por el tejado llevando a hombros la escalera y, aunque procuraba no hacer ruido, no podía evitar que se cayeran algunas tejas, que se rompían en el suelo con estrépito. La chimenea sobresalía en el tejado tres metros; era de ladrillo y estaba sucia de hollín. Fray Perico colocó la escalera y subió a la cima de la chimenea, ató la cuerda y comenzó a deslizarse con mucho trabajo. -Alguien viene a robarme por el tejado -pensó el usurero levantándose tembloroso del lecho. Tomó la escopeta que tenía en la pared, sacó del baúl su remendado calcetín con las monedas, lo escondió en su camisón y se metió debajo de la cama, asustado como una gallina. De pronto, la soga se partió y el fraile fue dando tumbos entre una nube de polvo negro y espeso. Cayó sentado entre los pucheros de la cocina, lleno de cardenales y con un chichón en la cabeza. -¡Cuánta limpieza hace falta en esta casa! -pensó fray Perico al ver el desorden y la mugre de los pucheros. Se levantó, se aplastó el chichón con una perra gorda y subió por una escalerilla oscura al cuarto del usurero; despacito, abrió la puerta y asomó la nariz. Al usurero le temblaba la escopeta en la mano al ver asomar por la puerta aquella nariz; apuntó con la destartalada escopeta y, ¡pim!, ¡pam!, el jamón que colgaba en el techo cayó al suelo con dos agujeros redondos. -¡No me mate, soy fray Perico! -¿Por dónde has entrado? -Por la chimenea. -¿Venías a robarme? -No, vengo a curarle. -¡Ah, ya te contaron que estoy leproso! Vendrás a echarme un sermón. ¡Márchate! El avaro salió de debajo de la cama, se fue corriendo a tomar el jamón, lo limpió con el cepillo de los zapatos y lo puso debajo de la almohada. El viejo estaba muy delgado, llevaba vendas por los brazos y daba pena verlo. Se metió en la cama y tiró una zapatilla a fray Perico para que se marchara. Fray Perico se enfadó y se la tiró al usurero a la cabeza mientras abría el ventanuco para que entrara el aire. El avaro dijo: -No te gusta este olor, ¿eh? Pues cierra, que tengo frío. -No quiero. -¿Qué buscas ahora? -Busco astillas para encender la lumbre. - 29 -