FRAY PERICO Y SU BORRICO FrayPericoYSuBorrico | Page 28

Juan Muñoz Martín Fray Perico y su borrico 12 · · · · · · · · · · · · · · · · · · · El usurero A los seis días de salir del convento, cuando hubo reunido quince reales, se dirigió a casa del señor Hildebrando, el usurero. Ató el burro a la puerta y subió las escaleras largas y crujientes. Pam, pam, pam, llamó, y el usurero abrió un ventanillo que tenía en el techo; vio a fray Perico y le echó un puchero de agua. Pam, pam, pam, volvió a llamar, y el viejo le echó otro puchero más grande. -Hermano, por caridad, abra. Soy fray Perico. -¡No quiero, márchate! Fray Perico empezó a empujar la vieja puerta, pero el usurero resistía con todas sus fuerzas, echando espuma por la boca. Colocó detrás la cama, el palanganero, las sillas, el baúl. -Le traigo el dinero. -Tíralo por debajo de la puerta. Fray Perico le echó los quince reales y le gritó: -Ahora déme el anillo. -¡Ja ja, ja! Tonto, más que tonto, no te lo daré. Ese anillo es de oro y debe tener algún gran poder, porque por la noche relumbra y me ahorro el candil. -Señor Hildebrando, abra, abra. -No abriré. Y el viejo le vació por el ventanillo un saco de harina que puso perdido a fray Perico. Y luego un paquete de sal, y al final media botella de vinagre y una bota. Fray Perico salió a la calle abatido. Desató el burro y se fue a la posada del Gallo Verde. El tío Zanahorio, el posadero, era un hombre más gordo que fray Perico y fray Tiburcio juntos, calvo y con la nariz sonrosada y peluda como una zanahoria. Al ver al fraile le abrazó con grandes aspavientos y manotazos porque le quería mucho. -¿De dónde vienes, fray Perico? Pareces un albañil. -De casa del usurero; me tiró un saco de harina. El posadero se santiguó tres veces y le dijo en voz baja: -No vuelvas por allí. ¿Sabes lo que tiene? Fray Perico dijo que no sabía. -Tiene lepra. -¡Pobre hombre!... -¿Pobre hombre? Dios le ha castigado. Tiene al pueblo ahogadito de deudas. Nadie quiere ir por su casa. Se morirá como un perro. Fray Perico no dijo nada; pidió al posadero una cuerda, una escalera y un trozo de cecina; cogió el burro de la cuadra y corrió muy apenado a ver al usurero. «¡Pobre señor Hildebrando! ¡Buena le ha caído!», iba pensando. - 28 -