FRAY PERICO Y SU BORRICO FrayPericoYSuBorrico | Page 30

Juan Muñoz Martín Fray Perico y su borrico -No, me engañas. Tú buscas el anillo para llevártelo, pero no lo encontrarás. Fray Perico encendió las astillas con el candil y armó un gran fuego en la estufa. Luego calentó agua en una marmita y echó dentro aceite, sal y hojas de laurel. -¿Qué haces ahora? -Hago un bálsamo para curarle. -Yo no quiero bálsamo. Yo quiero morirme. -Pues yo no le dejaré -dijo fray Perico. Y lo asió de una pierna y lo sacó de la cama a la fuerza. Luego lo metió en el barreño y lo curó, quieras que no. Le quitó los vendajes y fue lavando con una esponja las heridas con mucho cariño y cuidado. De cuando en cuando le tenía que dar un puñetazo para que se estuviera quieto. Al final le frotó con vinagre, le puso vendas nuevas, le cambió las sábanas, le mulló el colchón y le dio de cenar una sopa de patatas y un trozo del jamón que había escondido debajo de la almohada. -Lo guardo ahí para que no me lo coman los gatos -dijo el señor Hildebrando. El viejo se echó más confortado en la cama y quiso dormir. -Apagaré el candil -dijo fray Perico-, así dormirá mejor. -¡No, no! Así que apagues el candil te escaparás con el anillo. Algo mágico tiene que brilla por la noche. Si apagas lo encontrarás. -Sé dónde está -dijo fray Perico-. Está en aquel rincón, debajo de un ladrillo. -¡Ah! ¡Luego venías a robarme! -No, voy a ponérselo debajo de la almohada. Así no tendrá que temer. -Dices bien. Tráemelo y dormiré con él. - 30 -