FAMA N°16 Setiembre | Page 41

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mente y decir lo que se piensa son cosas que parecen básicas pero que no son aplicadas por todos. Y allí las frustraciones se acumulan y la ira genera problemas de escalas innecesarias que, a la larga, arruinan las relaciones.
Problemas de dinero
El manejo de dinero suele ser un problema dentro de la pareja. Sobre todo lo que refiere a la toma de decisiones. Prioridades, gustos y cuentas componen un combo en el que las personas tienen distintos intereses y que por ello suelen generar discordia. Para eso es bueno administrar los recursos de cada uno, compartir los gastos y reservar cada quien lo suyo para aquellas cosas que genera discrepancias en el otro. Herramientas para ello hay muchas. Y lo cierto es que las peleas por dinero han de ser las más innecesarias y desagradables.
Extinción del romance La chispa del amor suele desaparecer. Es algo que pasa a todo el mundo, no es extraño ni anormal. Lo que no es bueno ni sano es el no hacer nada con ello. Por eso, el crear, generar actividades y procurar revivir la pasión y las ganas de estar con el otro es más que necesario. La espontaneidad y el cariño lo son todo en este tipo de circunstancias. Solo resta tener ganas y evitar que ese acontecimiento se convierta en el principio del fin.

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Problemas con la familia del otro
Las relaciones de pareja son complicadas, pero más complicadas son las relaciones con la familia de las parejas. Muchos padres olvidan que sus hijos son individuos separados y que al formar una pareja tienen vidas diferentes. Ello no quiere decir que dejen de ser familia, pero sí que las cosas deben verse desde otra perspectiva.
Una manera de manejar esto es escuchar y no obstante, hacer saber lo que se piensa, pero no intentar interferir en sus decisiones ni en sus vínculos. Puede que haga falta repetir este concepto varias veces, pero a fin de cuentas dará resultado y ahorrará muchos problemas futuros.
Las distracciones, las expectativas y los deberes son cada vez más grandes, así como también las dificultades para mantener un vínculo sano y parar un segundo a arreglar las cosas. Para evitar malestares innecesarios y conflictos que parecen insolucionables, aquí un recuento de los problemas más comunes, para aprender a detectarlos y procurar solucionarlos.
Trabajar demasiado El trabajo suele ser motivo de disputa porque el tiempo es limitado y, justamente, muchas veces los límites no se tienen claros. Lo importante es marcar prioridades y dar por sentado que la familia y la pareja tienen que estar por encima de todo. Aumentar la productividad puede ser muy provechoso para la vida profesional, pero puede al mismo tiempo destruir la familiar. Por ello hay que marcar tiempos y prioridades y así apuntar al equilibrio. El justo medio hará que ambos ámbito estén en orden y que se influyan mutuamente para bien.
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