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dossier
Francisco Pérez González y Rafael García-Ros
GHORVPRGHORVGHSUHVWDFLyQGHVHUYLFLRVPiVHÀFDFHVDVtFRPRODVH[LJHQFLDVHQFXDQWRD
VXIRUPDFLyQDFDGpPLFDSVLFROyJLFD\HGXFDWLYD\SUiFWLFD/RVSURJUDPDVGHIRUPDFLyQ
académica de los psicólogos educativos deben cambiar y adaptarse mejor a las necesidades
planteadas por estos retos profesionales y por las demandas efectuadas por los distintos
DJHQWHVLPSOLFDGRV3DUDHOORODVSURSXHVWDVGHIRUPDFLyQGHEHUiQHQIDWL]DUODIRUPDFLyQ
HQFRPSHWHQFLDVTXHQRVRQVXÀFLHQWHPHQWHGHVDUUROODGDVHQODIRUPDFLyQGHJUDGR\TXH
exigen la formación en postgrados que garanticen su adquisición para el desarrollo de las
funciones que le son propias.
Sin entrar en este momento en la discusión acerca de cuáles deberían ser estas competen-
FLDV FRPSDUWLPRV OD LGHD H[SUHVDGD SRU &HVDU &ROO HQ UHODFLyQ D OD UHOHYDQFLD TXH GHEH
WHQHU OD SVLFRORJtD GH OD HGXFDFLyQ FXDQGR DÀUPD TXH “la psicología escolar no puede
limitarse a las aportaciones de la psicología de la educación, aunque son precisamente es-
tas aportaciones las únicas que pueden constituir el núcleo vertebrador de la intervención
psicológica en la escuela” &ROO(QHVWHVHQWLGRFDEHGHVWDFDUODUHOHYDQFLDGH
las aportaciones de la psicología de la educación y de la instrucción como garantía de dispo-
ner de una sólida formación para poder ejercer el asesoramiento e intervención adecuado en
cada caso, contando con la amplia diversidad de necesidades educativas especiales a las que
se debe dar respuesta. Los programas de formación de los profesionales deberán enfatizar la
importancia de esta disciplina educativa dada la necesidad de comprometer más si cabe, la
SVLFRORJtDHVFRODUODSUiFWLFDHGXFDWLYDFRQODSVLFRORJtDGHODHGXFDFLyQ<WRGRHOORMXQWR
DXQDVyOLGDIRUPDFLyQHQORVWUDVWRUQRVGHOGHVDUUROORODVGLÀFXOWDGHVGHODSUHQGL]DMHOD
HYDOXDFLyQSVLFROyJLFD\HGXFDWLYDTXHSHUPLWDLGHQWLÀFDU\GHWHUPLQDUFRQSUHFLVLyQODV
QHFHVLGDGHVGHORVHVWXGLDQWHV\GDUXQDUHVSXHVWDHGXFDWLYDDGHFXDGDDODVPLVPDV(VWH
contexto favorecedor del cambio en el desarrollo de la especialización supone una gran
oportunidad para incorporar estas competencias y conocimientos en el desarrollo de las fun-
ciones de los psicólogos educativos y mejorar la relevancia de sus aportaciones en la mejora
GHORVSURFHVRVGHHQVHxDQ]DDSUHQGL]DMHDVHVRUDQGRHÀFD]PHQWHWDQWRDSURIHVRUHVFRPR
DHVWXGLDQWHV\IDPLOLDV(VWHHVXQRGHORVUHWRVTXHDDVXPLUXUJHQWHPHQWHGHVGHHOiPELWR
académico y profesional.
III- Conclusiones.
3.1.- Las alternativas: La mejora de los procesos de formación ligadas a las competencias
/DUHÁH[LyQVREUHODVOtQHDVGHIXWXURGHODSVLFRORJtDGHODHGXFDFLyQQRVFRQGXFHLQH-
vitablemente a plantearnos la mejora de los procesos de formación de estos profesionales.
(VWDFXHVWLyQUHVXOWDLPSUHVFLQGLEOHGDGRTXHWRGRSURFHVRGHIRUPDFLyQHQXQDSURIHVLyQ
UHGXQGDHQODGHÀQLFLyQGHSHUÀOHVGHDFWXDFLyQ\HQODRIHUWDGHPHMRUHVVHUYLFLRVDOD
sociedad. Aunque hay que reconocer que las competencias individuales se pueden adquirir
a través de diferentes experiencias formativas y profesionales, resulta necesario diseñar pro-
FHVRVGHIRUPDFLyQSDUDHOGHVHPSHxRHÀFD]\GHFDOLGDGGHODVFRPSHWHQFLDVGHOSVLFyORJR
GHODHGXFDFLyQ/LRQHWWL6Q\GHU&KULVWQHU 0F/DXJKOLQ<HVWDPRVFRQYHQFLGRV
GH TXH HVWH HV HO FDPLQR D UHFRUUHU HQ HO PRPHQWR DFWXDO VL HO REMHWLYR HV FRQÀJXUDU OD
identidad de estos profesionales en el sistema educativo y asegurar sus aportaciones en la
mejora de la calidad de la educación.
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(2017) 113, 48-60