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Association (EUA), que nuclea a más de 800 universidades de 47 países de Europa, como
el European Trade Union Committee for Education (ETUCE), agrupación compuesta por
129 sindicatos de profesores universitarios de Europa, han vigilado de cerca las
negociaciones del CETA, TTIP y TISA.
Sus declaraciones y documentos de análisis (ETUCE 2014; EUA 2014a, 2014b, 204c,
2014d) muestran la preocupación de que la educación superior no ha sido
explícitamente incluida pero tampoco excluida, lo que en los hechos la incluye –por el
formato de listas negativas-, y que la salvaguarda del artículo que exenta a los servicios
provistos en ejercicio de la autoridad gubernamental no resulta suficiente para prevenir
su inclusión.
Por ende, reclaman la exclusión de los servicios educativos en particular, y de todos los
servicios públicos en general, de la negociación de estos nuevos acuerdos comerciales.
En todo caso, tanto el nuevo formato negociador, como la introducción de cláusulas
cremalleras que previenen el retiro de los compromisos asumidos previamente, llaman
a la necesidad de monitorear continuamente estos desarrollos, producto de que pueden
sentar las bases orientadoras para la educación superior en el mediano y largo plazo, de
forma incluso inadvertida.
Las respuestas regionales y las iniciativas no gubernamentales
Los espacios de integración regional con objetivos de integración profunda, como la
Unión Europea y el Mercosur, han ensayado respuestas específicas al fenómeno de la
internacionalización de la educación superior. Respuestas que, al decir de Verger y
Hermo (2010), pueden ser entendidas como alternativas en materia de escala a las
presiones ejercidas por la globalización de las actividades educativas. Lo novedoso de
estas iniciativas es que, si bien pueden responder a demandas de carácter económico,
como lo explicita claramente el proceso de Bolonia al mencionar la necesidad de mejorar
la competitividad de las universidades y los recursos humanos en Europa, se salen de la
lógica comercial del GATS o de los nuevos tratados comerciales.
Bolonia, de hecho, no es una iniciativa propia de la Unión Europea, producto de que, a
diferencia de otras áreas, los Estados europeos han decidido retener su soberanía en la