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diferencias de la OMC, para analizar si esa regulación no resulta comercialmente restrictiva. Si este fuera el criterio, se cuestionaría toda la base del tejido social y educativo, quedando el Estado y la Universidad muy limitados en un escenario global.” Sin embargo, las diferencias ente los países desarrollados y en desarrollo, por un lado, y las propias desavenencias entre los países desarrollados por el otro, llevaron al estancamiento de la Ronda Doha (Walter y Sen 2009), evidenciada en el fracaso de la Cumbre de Cancún de 2003. Tras esto, los países desarrollados, con Estados Unidos a la cabeza, priorizaron una estrategia de liberalización competitiva, a través de la promoción de TLC bilaterales. Los TLC bilaterales Las dificultades en el ámbito multilateral llevaron a los países desarrollados a optar por la vía bilateral, en donde evidentemente tienen un mayor poder de negociación vis a vis los potenciales socios comerciales, sobre todo cuando se trata de tratados Norte – Sur. Así, la explosión en términos cuantitativos de TLC bilaterales a partir de 2003 vino acompañada de la inclusión de capítulos de servicios en todos los nuevos acuerdos, en consonancia con los objetivos de los países desarrollados en materia comercial (Shadlen 2008; Manger y Shadlen 2014, Tole 2013). En América Latina, es de particular relevancia observar los TLC impulsados por Estados Unidos a partir de 2005, tras el fracaso del ALCA. A partir de este momento Estados Unidos firmó acuerdos bilaterales con Colombia, Perú, Panamá, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Guatemala, Costa Rica y República Dominicana, que se suman a los tratados que ya mantenía con Chile y con México, éste último en el marco del NAFTA. Según Bizzozero y Hermo, basados en un informe de la secretaría de la OMC, los países latinoamericanos han asumido un mayor grado de apertura y liberalización en materia de servicios en los TLC con Estados Unidos, en comparación con sus compromisos del GATS. Lo que se debe, claro está, al mayor poder relativo de Estados Unidos en este formato bilateral. De acuerdo a los autores, el sector educativo no ha sido la excepción; no obstante, encuentran que “hasta el momento no se ha producido un aprovechamiento de esas cláusulas liberalizadoras por parte de las instituciones y