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PERSONA Y SOCIEDAD Universidad Alberto Hurtado Instituto Latinoamericano de Doctrina y Estudios Sociales ILADES en un escenario como es el marco curricular. Al establecer relación entre cultura docen- te colaborativa y profesionalidad, sin duda, se produce un marco de posibilidades para el desa- rrollo organizativo y curricular que la institución escolar debe favorecer para responder a los requerimientos de las políticas educativas actua- les. De hecho, actualmente en los procesos de Reformas “existe conciencia que el docente es uno de los actores fundamentales del proceso educativo” (Rodríguez,1995). Por ello, se exige una amplia preparación cognitiva y pedagógica a los docentes y se le demandan una serie de competencias tanto personales como organiza- cionales, propias de un profesional autónomo capaz de realizar un trabajo profesional com- partido y solidario (Abrile de Vómer,1994). En este contexto de profesionalidad, el profesor es un agente de cambio de los múltiples procesos institucionales (Labaree,1992; Imber- nón,1994,1997). Al considerar la existencia de comunida- des profesionales que optimizan y consolidan gradualmente sus diversas acciones, es posible comprender la institución escolar como un esce- nario de múltiples prácticas -prácticas de organi- zación, de gestión, pedagógicas- que responden a orientaciones, objetivos, contenidos específi- cos, tomas de decisiones, intereses y variaciones de poder que se juegan en la dinámica de relaciones profesionales entre los actores. Tales prácticas permiten una mirada más contex- tualizada de los procesos desarrollados en la institución escolar. De hecho, aceptar la existen- cia de comunidades profesionales que toman posición y le otorgan sentido a la diversidad de prácticas, exige pensar en sus nuevas demandas y necesidades y profundizar en sus aportes espe- cíficos. Desde esta preocupación, surgen una serie de desafíos orientados a dinamizar las comunidades profesionales: • Desarrollar una cultura profesional que ges- tione sus procesos orientándose a resulta- dos de calidad. • Fortalecer los procesos de análisis y gestión 56 de propuestas de innovación institucional. • Generar estrategias de sustentabilidad de los logros y cambios para cada una de las prácticas de la institución escolar. En este contexto, si la política ha tenido como centro la calidad y equidad del sistema, es fundamental delimitar qué requiere actualmente en su gestión la institución escolar para aproxi- marse a estos desafíos. Sin duda, tener claridad institucional respecto de las ofertas educativas y metas a alcanzar posibilita una mejor orienta- ción de los procesos a desarrollar internamente. La existencia de una dinámica de diálogo y participación entre los diferentes actores y, con ello, la existencia de un cuerpo profesional orga- nizado que analice, reflexiones y proponga ac- ciones, constituyen condiciones básicas para aproximarse a los desafíos propuestos. La clari- dad institucional respecto de las metas a alcan- zar (generación de referentes de calidad), debie- ra posibilitar el análisis de una serie de tensiones propias del mundo escolar: • En la forma de abordar el quehacer institucional, la tensión entre trabajo indivi- dual v/s trabajo colaborativo. • En la forma de asumir la profesionalidad, la tensión entre trabajo colaborativo ‘artifi- cial’ y trabajo colaborativo ‘auténtico’. • En el conjunto de decisiones didácticas, la tensión entre transmisión de información v/s construcción de conocimiento. • En el ámbito curricular, la tensión entre docentes como ‘ejecutores o implementa- dores’ v/s comunidad profesional que de- sarrolla currículum. • En el ámbito de la optimización del proceso pedagógico, la tensión entre evaluación como mecanismo de control v/s evaluación como mecanismo de tomas de decisión. • En el ámbito de la gestión del currículum, en la organización y en las prácticas pedagó- gicas, la tensión entre racionalidad admi- nistrativa v/s racionalidad pedagógica.