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M" del Carmen Bosch Caballero
eje fundamental sea la humanización del individuo. Hasta que en las escuelas no
se tengan en cuenta otras formas culturales, que de hecho se producen en ella
misma, como es la cultura juvenil y la cultura de la resistencia, que muchos de
los jóvenes establecen para defenderse de los modelos adultos y del conocimien-
to establecido (Jackson, 1968), poco podremos hacer para ayudarles a mejorar la
comprensión de sus realidades y a comprometerse en su transformación.
Coincidimos con Torres (1995, 61) cuando dice que la única cultura que las
instituciones académicas etiquetan como tal es la construida desde el poder. Es
por ello difícil que profesores y alumnos en las aulas lleguen a ocuparse de refle-
xionar e investigar cuestiones relacionadas con culturas margnales: las culturas
de las naciones del estado español, las culturas infantiles, juveniles y de la tercera
edad; las etnias minoritarias o sin poder, el mundo rural y marinero, las personas
con minusvalías, el mundo de las personas pobres, el Tercer Mundo, etc.
Por último, nos parece importante hacer unas indicaciones sobre el lenguaje
de la posibilidad y sus aportaciones a esta cuestión. Concretamente, Scully
(Goodison, 1992, 49) indica que los seres humanos ven deforma selectiva, no emphica.
Ven lo que h estmctura conceptual de su cultura les permite very sólo ven nuevas cosas cuando
e l modelo conceptaal existente se rompe. Este planteamiento nos introduce en lo que
los pedagogos radicales quieren mostrar al hablar del lenguaje de la posiblhdad:
es la capacidad de ver otras alternativas a la realidad presente analizando el len-
guaje yendo más allá de lo que se nos presenta como real. Bernstein (1990, 164)
estudia cómo el lenguaje se interioriza a través de la inferencia tácita de sus prin-
cipios de ordenamiento, subyacentes en el contexto de la interacción social y
afirma que aquél puede convertirse inesperadamente en el guardián de la posi-
bilidad de lo nuevo. Quiere decir que el control simbólico, condición siempre
del orden del otro, lleva consigo la posibilidad de transformar el orden del otro
que es impuesto.
Los teóricos radicales introducen otros términos para expandir el concepto
de posibilidad a las instituciones escolares. La producción semiótica estaría en el
centro de aquellas prácticas que se realizan en la formación y regulación de sign-
ficados y en la imaginación (Simon, 1992, 37). Estas prácticas no solo incluyen
la creación de modos particulares de expresión simbólica y textual, sino también
las formas en que esas significaciones se localizan dentro de sistemas de distri-
bución y presentación. La producción de varias formas de imagen, texto, gesto
y habla, deben entenderse como prácticas culturales que pueden representar o
bien la reproducción o la transformación de cualquier orden social.