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porque los individuos a menudo son incapaces de analizar cómo el medio modela
sus percepciones y conforma su conciencia, es necesario desarrollar vías que
muestren cómo se ha producido este proceso. Iil constructiiismo crítico debe
permitir al profesorado separarse de la realidad, no aceptarla como algo dado e
inamovible. A1 tomar cierta distancia de ella podremos darnos cuenta de cómo
estamos acostumbrados a percibir, cómo nuestra percepción se construye a través
de códigos lingüísticos, ritos, símbolos y la presencia o ausencia de poder. Esta
capacidad implicaría un paso adelante en la profesión docente: ponernos en
contacto con nuestros condicionamientos, aprender una nueva forma de enseñar
y pensar que ayudaría a nuestros alumnos en esa línea. E1 constructivismo crítico
asume que la mente crea más que refleja la realidad y dicha creación no puede
separarse del mundo social que la rodea. E1 conocimiento no surge del sujeto ni
del objeto sino de una relación dialéctica entre el conocedor y lo conocido
(IOncheloe, 1993, 110).
Además, es preciso recuperar las culturas negadas de la vida escolar, pues
como ya hemos visto, la educación escolar implica mucho más que transferen-
cia de conocimientos; incluye la construcción de una cultura ligada al contexto
en el que se desarrolla, a las particularidades de los estudiantes y docentes y a
los intereses de los grupos de poder. JAS wcuelas son lugares culturales que activamente
se i m p h n en ordenar selectit)amenk-y lgitzina~formas eq'mzj'icas de lenguale, raynamientu,
sociabiliciad y experiencia cotidiana (Giroux en el prefacio a McLaren, 1993, XXIV).
Los estudiantes, a su vez, crean su propia cultura que utilizan para defenderse
de las imposiciones de la escuela (Fernández Enguita, 1990, Torres, 1991,
Gimeno Sacristán y Pérez Gómez, 1993). Y toda cultura crea un entramado de
significaciones y desarrolla mecanismos de control para que los más jóvenes
adopten dichos modos de pensar y comportarse. La primera enculturación se
produce en la familia, pero a medida que la cultura se hace más compleja, la
escuela es la encargada de transmitirla. Se hace evidente que toda propuesta
educativa conlleva una selección cultural y axiológica.
Por esta razón, la pretendida neutralidad de la escuela es el reflejo del posi-
tivismo que equipara ciencia y cultura y asimila progreso científico y progreso
moral. Hasta la implantaciijn de la I,OGSE, los valores y las creencias del pro-
fesorado y alumnado debían quedar al margen del currículo. Sin embargo, un
cambio de las dimensiones que en un principio proponía la LOGSE, implicaba
una verdadera transformación en todos los Grdenes de la vida escolar, pero
diversos condicionamientos y la presión de una cultura tecnocrática con valores
implícitos de competitividad, individualismo, sexismo ... ha dejado a la Reforma
en una modificación de términos, metodologías y enfoques, sin verdaderamente
transformar el sistema educativo bajo el criterio general de la explicitación de
valores y del conflicto que conllevan, para proponer una cultura escolar, cuyo