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M" del Carmen Bosch Caballero
marginados. Y es en esta línea, que nos decantamos por un constructivismo crí-
tico postulado por los educadores radicales que se inspiran en la teoría crítica de
la Escuela de Frankfurt y en Habermas. También el marxismo gramsciano
ayuda en el desarrollo de una praxis pedagógica comprometida con la emanci-
pación de la persona. Freire (1975, 58) se opone a la educación bancaria porque
ésta considera a los alumnos como individuos adaptables, manejables, y por
tanto, es fundamentalmente antidialógica. Propone el diálogo como clave central
del proceso pedagógco. Para ello el profesor se convierte, también en aprendiz,
estableciéndose una relación horizontal y no jerárquica entre el profesor y el
alumnado. Ambos, a través del diálogo crítico y del planteamiento de problemas
elaboran y reelaboran el conocimiento. Esta reconstrucción del conocimiento
ha de ser permanente; siempre está en proceso de ser creada a medida que los
alumnos y profesores intentan desvelar las distintas capas que configuran la rea-
lidad. El objetivo es la aparición de la conciencia crítica y su intervención en los
diversos contextos. Habermas (Ayuste,
1997, 84) ahonda en la idea de la razón
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comunicativa a partir del diálogo y la relación sujeto-objeto: una correspondencia
distinta a la tradicional de sujeto que transforma y objeto que es transformado.
Una relación de igualdad, de intercambio de significados y experiencias, de
búsqueda de verdad y conocimientos consensuados.
Otros autores como Apple, Giroux, Aroxnowitz, Ladson-Bdhngs, Griffiths,
Hargreaves, Berstein, Mc1,aren ... se inscriben en este enfoque, cada uno con
matices específicos, pero todos ellos se implican en el proceso sociohistórico
que viven. E n nuestro país siguen esta corriente Pérez Gómez, Gimeno
Sacristán, Flecha, Ayuste, Torres Santomé y Bolívar Botia, entre otros. El edu-
cador no actúa como agitador político o adoctrinador, favorece la reflexión y las
relaciones simétricas en el diálogo,
tratando de evitar posibles distorsiones y un
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único conocimiento válido y verdadero. La pedagogía radical propone la transfor-
mación de las escuelas en esferas públicas democráticas y el fomento de un
discurso público unido a imperativos de igualdad y justicia social. Afirma que el
sistema jerárquico de producción neocapitalista estructurado sobre las divisio-
nes de clase social, raza y sexo no se verá alterado por la calidad superior de la
educación a no ser que paralelamente se hagan esfuerzos por democratizar la
economía y la burocracia del Estado (Aronowitz y Giroux, 1993, 244).
Estas teorías críticas demuestran y desarrollan, cada una a su modo, la
importancia de hacer un discurso basado en la ética y la esperanza de la lucha
permanente por propiciar una democracia más auténtica dentro y fuera de las
escuelas. Luchar contra el antiutopismo característico de nuestro tiempo y susci-
tar esperanzas reales para desarrollar una teoría y práctica educativa, creando el
lenguaje de la posibilidad y reivindicando el componente utópico del pensamien-
to humano como bases para un compromiso teórico y político. Precisamente,