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1-l reto cit. la escue/aposrxoderna. ,?/papel de LI educacián e f i /a era de la inforn~aczón
ámbito personal, pueden crear poder, pero la falta de estabilidad y continuidad
pueden producir crisis en las relaciones interpersonales. El mundo posmoderno
es rápido, comprimido, complejo e incierto.
1,ipovetsky (1986) nos adelanta que la característica más sobresaliente de
nuestra cultura es el hiperdesarrollo del individuo. Esta mutación acaba con el
individualismo revolucionario en el ámbito político y artístico (desde principios
de siglo hasta los años 60) y se desarrolla, a partir de los 70, un individualismo
puro, desprovisto de los últimos valores sociales y morales de confianza en el
progreso, en la razón. E n la sociedad posmoderna ha muerto el optimismo tec-
nológico y científico, pues los innumerables descubrimientos no siempre han
ido acompañados de una mejora de la condición humana: degradación del medio-
ambiente, aumento del ritmo de trabajo, incremento del paro, etc. Ninguna
ideología política es ya capaz de entusiasmar. En la actualidad son más esclare-
cedores los deseos individualistas que los intereses de clase, la privatización es
más reveladora que las relaciones de producción, el hedonismo y psicologismo
se imponen más que los programas de acciones colectivas. La edad moderna
estaba obsesionada por la producción y la revolución. La edad posmoderna lo
está por la información y la expresión. La llegada de la posmodernidad está liga-
da al surgimiento de una sociedad postindustrial en la que el conocimiento se
ha convertido en la principal fuerza económica de la producción (Anderson,
1998).
Según Be11 (Lipovetsky, 1986, 113), la sociedad posindustrial se basa sobre la
primacía del saber teórico en el desarrollo técnico y económico, en el sector de
los servicios (información, salud, enseñanza, investigación, actividades culturales,
ocio ...) y sobre la clase especializada de los "profesionales" y "técnicos".
Asimismo, Bernstein (1990) señala que hacia la mitad del siglo XX el Estado
potencia el individualismo a través de la multiplicación y diversificación de la
oferta con el fin de que los individuos tengan la sensación de mayor capacidad
de elección. Pero la multiplicación se refiere fundamentalmente a información,
no a objetos. Por ejemplo, los medios de comunicación aumentan y privatizan a
gran escala las posibilidades lúdicas e interactivas. 1,a informática y las nuevas
tecnologías arraigan en esa ganancia y, como acertadamente apuntan Aronowitz
Giroux (1993), las máquinas no están en absoluto libres de la ideología. Pero
la saturación de información y las mayores opciones de eleccih no están condu-
ciendo al enriquecimiento de los criterios personales de análisis y toma de deci-
siones ni a la formación de cultura sino más bien a la confusión y perplejidad.
Ello supone, además, un factor más de discriminación de los grupos más des-
favorecidos, lo que de nuevo produce desigualdades de origen y el pensamiento
único en una sociedad cada vez menos plural donde lo políticamente correcto
parece ser la única opción.