ENSAYO SOBRE LA CEGUERA ensayo sobre la ceguera - grados decimos | страница 84
Ensayo Sobre La Ceguera
José Saramago
comprendiera que no podría con tanto peso. Retorció y anudó la boca de la bolsa, se la
echó
a
cuestas,
y,
como
pudo,
salió
corriendo
de
allí.
Cuando el médico y el viejo de la venda negra entraron en la sala con la comida, no vieron,
no podían ver, a siete mujeres desnudas, la ciega de los insomnios tendida en la cama,
limpia como en su vida lo había estado, mientras otra mujer lavaba, una tras otra, a sus
compañeras, y después a sí misma.
Al cuarto día, los malvados volvieron a aparecer. Venían a exigir el tributo de las
mujeres de la segunda sala, pero se detuvieron un momento en la puerta de la primera para
preguntar si estas mujeres estaban ya restablecidas de los asaltos eróticos de la otra noche,
Una buena noche, sí señor, exclamó uno, relamiéndose, y el otro confirmó, Estas siete
valían por catorce, claro que una no era gran cosa, pero en aquel follón ni se notaba, tienen
suerte éstos, si son lo bastante hombres para ellas, Mejor que no lo sean, así llegan con más
ganas. Desde el fondo de la sala, la mujer del médico dijo, Ya no somos siete, Ha escapado
alguna, preguntó riéndose uno de los del grupo, No ha escapado, ha muerto, Diablo,
entonces vais a tener que trabajar más la próxima vez, No se ha perdido mucho, no era
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