En la Ruta Del Titiritero 08 | 页面 87

Después, las manos hábiles de los animadores crearon muchos muñecos, hicieron a mi inseparable negrito que se llamaba Fabián, también a mi perrito blanco,“ Colibrí” con su lengua húmeda y roja, salía atrás de mí ladrándome y los perros de verdad le contestaban, siempre tenía la lengua de fuera y roja, roja.
Mi animadora me consentía mucho, me protegía, quizá fui el sueño infantil de que vivieran muñecos.
Casi siempre éramos los mismos. Nos hicimos populares, nos conocían mucho. Además no contábamos con nada para hacer otras aventuras,

La Expropiación Petrolera

Corría el año de 1938, todos los mexicanos estábamos eufóricos, se decía. Se hacía, se proyectaba. El presidente Cárdenas había expropiado el petróleo. Los campos petroleros eran ya mexicanos, un presidente mexicano con mucho valor y decisión se enfrentaba a este problema, recuperar para México lo de los mexicanos.
Se hacían grandes manifestaciones de adhesión. Las gentes donaban lo que tenían, los niños regalaban sus alcancías, los ancianos su ultimo anillo de oro, los matrimonios jóvenes sus alianzas, había alboroto y alegría por todas partes, festivales y asambleas, discursos y poesías pero claro yo no me quede atrás Ramón escribió para mí una obra. Petróleo para las lámparas de México, a todas partes nos llamaban para verla, y yo desde arriba gritaba: ¡ Viva México! ¡ Viva Cárdenas!!

En el Campo Militar Núm. 1

Una tarde bonita llena de sol, luminosa y alegre, llegamos al campo militar núm. 1
Todo ese enorme lugar estaba lleno de soldados, pues era el día en que los festejaban. Cuando me asome por entre mis cortinas, vi a todos muy firmes, muy limpios y muy serios.
En las sillas frente a mi teatro estaban los generales, a los que conocí porque les brillaban las medallas al sol, no sé quién me llamó para divertirlos y me conocieran pero ahí estaba.
Me pusieron a unos soldados de guardia a cada lado del teatrito. Yo estaba apuradísimo ¿ Cómo hacerles reír? ¿ Cómo platicar con ellos? ¿ Cómo romper ese severo silencio? ¡ Pues no lo sabía! Iba, venia, me asomaba, me sentaba inquieto moviendo mis pies, gritaba y nada sólo un murmullo apagado, pero me agaché para hablarles a los soldados que estaban junto al teatrito, claro que no me podían contestar y estaban tan inquietos y yo quitándoles sus gorras, pero no volteaban a verme, su inquietud provocó la risa de todos y así se rompió el hielo como si fuera un cristal roto ´ por una pedrada. Entonces les hablé a los generales y me contestaban, todos me hablaban y reían ya sin trabas y sin miedo y así pasamos una tarde muy alegre y agradable.
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