una botella, tenía en la cara una nariz roja y ojos de ensoñación, el efecto
fue un compadre alcohólico, al que el personaje de la muerte llegaba a
pedirle un favor y de paso lo aleccionaba por su alocado estilo de vida.
Jamás pensamos que, lo que era para nosotros un divertimento sencillo
que nos permitía jugar, se convirtiera en un acto de contrición para
muchos adultos, mientras que el personaje de la muerte fascinaba a los
niños por la ambigüedad de su naturaleza y la comicidad del lenguaje.
Todo se desarrollaba en un tono humorístico donde Hiram involucraba al
espectador de manera muy activa.
Nos dimos cuenta que provocábamos al espectador, con un lenguaje
muy peculiar, con temas donde la muertes y las pérdidas siempre estaban
presentes, y con imágenes y referentes que tenían origen en nuestros
gustos desde niños, pues crecimos con anime japonés, con comics, video
juegos, cine y literatura fantástica y queríamos reflejar eso en nuestra
manera de hacer teatro.
Más adelante dirigí y actué una historia original de Hiram, llamada “El
amiguito del hijo del Monstruo de Víctor Frankenstein” donde se sumó la
creatividad de Laura Guerra y Juan Carlos Nuño, titiriteros de Tristán & Cía.
al que Hiram y yo admiramos mucho, ellos fueron quienes realizaron los
títeres con la técnica de varilla. Los niños se divertían mucho y también
participaba en escena. Como escenografía tan sólo teníamos un biombo y
un perchero. Pero recuerdo especialmente una escena, donde el
Monstruo Frankenstein se enojaba con su novia y el público nos pedía que
se reconciliaran. Decidimos ponerlos de espaldas y que al ritmo de “Love
me tender” comenzarán a sentirse, a mirarse, a perdonarse y de repente
ya estaban juntos. Ahí comprendí que el trabajo del titiritero requiere de
un cálculo casi matemático para representarlo
escénicamente, a través de un movimiento
sofisticado que sintetiza voz y cuerpo, pero es hasta
la transmisión del sentimiento que la animación
cobra vida.
Esas experiencias nos ayudaron más adelante para
mejorar nuestras técnicas de animación y probar
nuevas ideas con material de reciclado en obras
como “La invasión de los Acuáfagos”.
En el 2011 unimos esfuerzos con el escenógrafo
Ricardo García Lun a y formamos la Compañía
Ingeniescena, Artes Escénicas. Nuestra primera
propuesta de trabajo fue “Haruki” también de la
autoría de Molina. Este fue un trabajo muy
importante para nosotros, con el que ganamos la
beca de México en Escena del CENART para la
producción de la obra.
“Haruki” representaba varios retos para mí como
directora, no era un trabajo más sabía que había un
cambio muy significativo en la dramaturgia Hiram,
su texto contiene gran belleza en el lenguaje,
sofisticación en la forma, una propuesta visual llena
de imágenes poéticas y personajes entrañables.
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