En la Ruta Del Titiritero 08 | Page 44

una botella, tenía en la cara una nariz roja y ojos de ensoñación, el efecto fue un compadre alcohólico, al que el personaje de la muerte llegaba a pedirle un favor y de paso lo aleccionaba por su alocado estilo de vida. Jamás pensamos que, lo que era para nosotros un divertimento sencillo que nos permitía jugar, se convirtiera en un acto de contrición para muchos adultos, mientras que el personaje de la muerte fascinaba a los niños por la ambigüedad de su naturaleza y la comicidad del lenguaje. Todo se desarrollaba en un tono humorístico donde Hiram involucraba al espectador de manera muy activa. Nos dimos cuenta que provocábamos al espectador, con un lenguaje muy peculiar, con temas donde la muertes y las pérdidas siempre estaban presentes, y con imágenes y referentes que tenían origen en nuestros gustos desde niños, pues crecimos con anime japonés, con comics, video juegos, cine y literatura fantástica y queríamos reflejar eso en nuestra manera de hacer teatro. Más adelante dirigí y actué una historia original de Hiram, llamada “El amiguito del hijo del Monstruo de Víctor Frankenstein” donde se sumó la creatividad de Laura Guerra y Juan Carlos Nuño, titiriteros de Tristán & Cía. al que Hiram y yo admiramos mucho, ellos fueron quienes realizaron los títeres con la técnica de varilla. Los niños se divertían mucho y también participaba en escena. Como escenografía tan sólo teníamos un biombo y un perchero. Pero recuerdo especialmente una escena, donde el Monstruo Frankenstein se enojaba con su novia y el público nos pedía que se reconciliaran. Decidimos ponerlos de espaldas y que al ritmo de “Love me tender” comenzarán a sentirse, a mirarse, a perdonarse y de repente ya estaban juntos. Ahí comprendí que el trabajo del titiritero requiere de un cálculo casi matemático para representarlo escénicamente, a través de un movimiento sofisticado que sintetiza voz y cuerpo, pero es hasta la transmisión del sentimiento que la animación cobra vida. Esas experiencias nos ayudaron más adelante para mejorar nuestras técnicas de animación y probar nuevas ideas con material de reciclado en obras como “La invasión de los Acuáfagos”. En el 2011 unimos esfuerzos con el escenógrafo Ricardo García Lun a y formamos la Compañía Ingeniescena, Artes Escénicas. Nuestra primera propuesta de trabajo fue “Haruki” también de la autoría de Molina. Este fue un trabajo muy importante para nosotros, con el que ganamos la beca de México en Escena del CENART para la producción de la obra. “Haruki” representaba varios retos para mí como directora, no era un trabajo más sabía que había un cambio muy significativo en la dramaturgia Hiram, su texto contiene gran belleza en el lenguaje, sofisticación en la forma, una propuesta visual llena de imágenes poéticas y personajes entrañables. 43