La obra trata sobre Haruki y Hiroshi, dos hermanos
que emprenden un viaje a través del tiempo,
amenazados por una bruja que los vigila desde una
grieta. Un texto muy discursivo que desafiaba mi
elección de hacerlo con títeres.
Anteriormente pensaba al dirigir, que los títeres fueran
funcionales, divertidos y pudieran interactuar con el
público.
Pero “Haruki” me pedía trascender todo eso y
concentrarme en pulsar las teclas emocionales del
espectador, porque lo que quería era que conocieran
la vida íntima de Haruki y Hiroshi, quería que la
atención de la gente estuviera puesta en sus
pensamientos, en sus emociones, en sus sentimientos,
datándolos de una vida cotidiana e intrínseca.
De la mano García Luna y Molina, encontré en el
teatro de títeres la parte científica de mi oficio, en los
aspectos de dramatúrgicos, escénicos y de producción. Mi decisión final
era trabajar títeres de mesa. Aprendí mucho de esta técnica durante el
proceso de montaje. Las limitaciones y sujeciones que me imponían el
títere, siempre fueron oportunidades para evolucionar y entender que el
camino de la animación es más libre, cuando la técnica no nos domina sino
la hacemos propia. “Haruki” se estrenó en el Foro la Gruta de Centro
Cultural Helénico, Sala Chopin, se presentó en 6º Maratón de Teatro para
Niños 2013, así como el Festival de la Nao en Acapulco 2013.
Mi siguiente proyecto fue “Asimov” también de
Molina, y como en “Haruki” partimos nuevamente de
darle importancia primero que nada a la historia,
dirigida también a los niños.
Asimov es una distopía que nos cuenta la historia de
Imani una mujer que en mundo nevado, lucha por la
vida de su hija Abba y que un día se encuentra a
Asimov, un pequeño robot que no tiene memoria, pero
está sujeto a obedecer las tres leyes de la robótica.
Esta vez queríamos experimentar con el
espacio sin estar supeditados a un decorado realista, ni
a un teatrino, ni siquiera a una mesa. Queríamos
títeres más libres en su movimiento, autónomos y lejos
del realismo. Buscábamos representar dos niños, una
humana y un robot con la misma sensibilidad en el
gesto, que sintetizara la motricidad de niños de 5 años,
sin imitarlos.
Decidí que los títeres fueran estilo Kuruma Ningyô, conocí esta
técnica gracias a Edwin Salas, experimentado constructor, director y
animador de títeres.
En este género de teatro japonés, el titiritero va sentado sobre un
pequeño cajón de madera con ruedas de ahí su nombre. De esta manera
sólo hay un animador por cada títere quien manipula brazos y la cabeza
con sus manos. Los pies del títere se sujetan a los dedos de los pies del
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