Después me preparé tomando cursos, toque muchas puertas y audicioné,
sin éxito, en varias compañías para poder
pertenecer a todos los que según yo, tenían un
conocimiento muy bien resguardado sobre esta
profesión. Entonces decidí dejar a un lado el
mundo de los títeres, y concentrarme en la
actuación y en la docencia.
A la distancia lo veo como lo mejor que me pudo
haber pasado, porque gracias a esto me he
dedicado en los últimos años a producir
proyectos más personales que me han
permitido exponer mis propios puntos de vista
como creadora.
Dice Jan Svankmajer que las marionetas le
sirvieron para ajustar cuentas con los adultos. A
mí me paso algo muy similar, sólo que los niños
fueron los que me reconciliaron con los adultos
a través de los títeres.
Dando talleres de actuación para niños,
pude experimentar y poner en práctica mucho del “amor titiritero” que
había querido dar el en teatro. Desde escribir las historias, hasta probar
diferentes materiales, técnicas de construcción y juegos escénicos.
Me sentí motivada por la forma en que los niños juegan con los muñecos y
establecen convenciones espaciales donde las connotaciones entre lo
imaginario y lo real, dan origen a una imagen que se va articulando de
manera gozosa con el juego.
Comencé a buscar dramaturgia para títeres, muchos de los textos que
encontré eran muy cortos, basados en la imagen
y con poco dialogo.
Yo creo en la fuerza de la palabra sin retórica,
creo en un teatro vivo que mediante el discurso
escénico nos brinde como fuente de inspiración
la palabra y el movimiento, entiendo al títere
como efigie de esta unión.
En esta época conocí la dramaturgia de Hiram
Molina, quien se había dedicado por mucho
tiempo a escribir y actuar para niños.
Coincidimos en temas y conceptos que
queríamos probar en escena.
Hicimos una adaptación de un cuento popular
que se llamó “El compadre de la muerte”.
Mientras Hiram narraba la historia yo animaba a
los títeres con la técnica de varilla. El resultado fue muy bueno, la
recepción de la historia dejaba impactada a la gente, pues el títere que era
“El compadre” tuvo un accidente en la mano durante el proceso de
producción y para repararlo decimos improvisarle
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