El Nacimiento de la Tragedia Revista Virtual | Seite 14
Por tanto, el autor define que la tragedia es una cuestión psicológica,
que surge de la carencia del griego, de una privación, de la
melancolía, del dolor. Es allí donde surge la figura de Dionisio,
puesto que es él, este dios quien da origen a la tragedia griega, origen
de su relación con el dolor (propio del mundo físico) de su grado de
sensibilidad, de ahí su hilación y relación con el arte y su anhelo de
belleza (propio del mundo interior) (Nietzsche, 2004, p. 15). Por esta
razón, el arte del consuelo metafísico es la tragedia en la figura de
Dionisio y Zaratustra, teniendo como antítesis de esta las figuras de
Apolo, Sócrates y Jesucristo. En donde la música adquiere, en el
ritual dinisíaco, un papel relevante como elemento terapéutico y
purificador, realizando una catarsis del alma (Nietzsche, 2004, p. 4).
A modo de conclusión, la tragedia griega en escena (poema, obras teatrales, entre otros) provoca
el arte, en el entendido que este es la tarea suprema y la actividad propiamente metafísica de la vida
(Basilea, fin de año 1871) citado en (Nietzsche, 2004, p. 28), porque Apolo (sueño) y Dionisio
(embriaguez ), se enlazan en el conocimiento que en el mundo griego subsiste, asumiendo
que Apolo tiene su origen en el arte del escultor y Dionisio en la música, la poesía, haciendo del
arte, por tanto, su puente común.
Por esta razón se debe entender que
el mito trágico participa plenamente
del propósito metafísico de
transfiguración, propio del arte y
por tanto, este le pertenece al arte. Así
las cosas, se debe comprender que
la primera exigencia del mito
trágico es la búsqueda del placer peculiar en la estética pura, porque sólo como fenómeno estético
aparecen justificados la existencia y el mundo, provocada por la metafísica del arte (Nietzsche,
2004, pp. 247 - 251). Así las cosas, el ser humano es esa disonancia necesaria (dialéctica), para
poder vivir el placer y el sufrimiento, es decir, es una ilusión que extiende un velo de belleza sobre
su esencia propia y, es en la consciencia del individuo humano donde sólo le es lícito penetrar a
aquella parte del fundamento de toda existencia (es en el hombre donde se le da sentido a la
metafísica), a aquella parte del sustrato dionisíaco del mundo que puede ser superada de nuevo por
la fuerza apolínea transfiguradora, según la ley de la eterna justicia (la dialéctica), en la cual sin el
mito de la tragedia griega no se logra la belleza, una coexistencia de contrarios (Nietzsche, 2004, pp. 251 - 252).