El Nacimiento de la Tragedia Revista Virtual | Page 13
Ahora bien, el mundo, es una rendición de dios en
cada instante alcanzada, en cuanto es la visión
eternamente cambiante, eternamente nueva del ser
más sufriente –el hombre-, más antitético, más
contradictorio, que únicamente en la apariencia
sabe redimirse: a todas esta metafísica de artista se
la
pude
denominar
arbitraria,
ociosa,
fantasmagórica, lo esencial en esto está en que ella
delata ya un espíritu que alguna vez, pese a todos
los peligros, se defenderá contra la interpretación
y el significado morales de la existencia. Aquí se
anuncia, acaso por vez primera, un pesimismo <>, aquí se deja oír y
se formula aquella <> contra la que Schopenhauer no se cansó
de disparar de antemano sus más coléricas maldiciones y piedras de rayo –una filosofía que osa
situar, rebajar la moral misma al mundo de la apariencia y que la coloca no sólo entre las
<> (en el sentido de este terminus technicus idealista), sino entre los <>,
como apariencia, ilusión, error, interpretación, aderezamiento, arte. (Nietzsche, 2004, p. 18).
Así las cosas, el arte es para el autor, una actividad propiamente metafísica del hombre, escrito en
el prólogo del libro por parte de Richar Wagner. Por esta razón, el hombre ya no es un artista, se
ha convertido en una obra de arte: para suprema satisfacción deleitable de lo Uno primordial, la
potencia artística de la naturaleza entera se revela aquí bajo los estremecimientos de la embriaguez.
Es así a partir de esta concepción que definen la vida como algo amoral en la figura de dionisio
(Nietzsche, 2004, pp. 17 - 19).
Ahora bien, se hace presente en el hombre otra dialéctica
y es la esclavitud del hombre al yugo de las leyes escritas,
todo lo que es propio de la ciudad griega (el derecho, las
leyes, la ciudad). Sin embargo, ante esta realidad se refleja
la antítesis entre lo que es creído y creado por los hombre
<> y lo que es dado al hombre <> por
la naturaleza misma, es decir, una lucha de contrarios entre
la ley natural (condición de justicia, condición originaria) y la ley positiva (aquella creida y creada
por los hombres), a partir de las palabras: “Kaì díken érin: pólemos, aquí “éris” es precisamente
condición de justicia en tanto sacude a los contrarios fuera de sí, los armoniza en lo que han tomado
demás y los ajusta en su condición originaria (Heráclito 22B 80 DK). En este caso Dionisio sería
o personificaría la apología de la physis que quiere destruir la convención (el nomos) de los
hombres, personificado en la figura de Sócrates, de Apolo y del mismo Jesucristo (según el autor),
el cual (Dionisio) quiere hacerle volver al estado natural incivilizado con la consiguiente liberación
del individuo, consiguiendo así una afirmación individual humana y a la vez representa la
renovación de la alianza entre los seres humanos y la naturaleza, es decir, celebra una fiesta de
reconciliación con su hijo peridido, el hombre (Nietzsche, 2004, p. 5).