Esto quiere decir que el origen de la tragedia
griega es la dialéctica -desde
una perspectiva artística-, entre Apolo (el
sueño) y Dionisio (la embriaguez ), que a su vez es potencia artística
que brota de la naturaleza misma. Por
intuición se cree que el desarrollo del arte
está ligado a la duplicidad de lo apolíneo
(arte de la estética – del sueño de la poesía,
de la interpretación de sueños que dicen la verdad, donde el gran escultor veía la fascinante
estructura corporal de seres sobrehumanos) y de lo dionisíaco (arte estético corporal – de la
embriaguez, de la música y la danza-), evoca una dualidad dialéctica y el autor pone como garantía,
el argumento diciendo que: de modo similar a como la generación depende de la dualidad de los
sexos, donde allí también evidencia la lucha constante y la reconciliación que se efectúa
periódicamente y, es característico de la dialéctica (de su elemento constitutivo el Pólemos)
Heraclítea y porqué no de la Parménidea, dicha dialéctica es vislumbrada en la tragedia griega
(Nietzsche, 2004, p. 30 – 32; Heráclito 22B 80 DK).
Por esta razón, la existencia del mundo está
justificada como fenómeno estético. Es decir, que
la tesis del libro entero es el sentido y el
ultrasentido de artista, un <>
completamente amoral y desprovisto de
escrúpulos, idéntico al estado natural de la
naturaleza, tanto en el construir como en el destruir
(tesís y antítesis, de la dialéctica), en el bien como
en el mal. Por tanto, lo que quiere es darse cuenta que su placer y su soberanía son idénticos, un
dios-artista que, creando mundos, se desembaraza de la necesidad implicada en la plenitud y la
sobreplenitud, del sufrimiento de las antítesis en el acumuladas (Nietzsche, 2004 p. 17).