El libro de las desilusiones El libro de las desilusiones TEASER | Page 9

El libro de las desilusiones 9 que, por haber tenido la licencia de observar, investigar y registrar, a lo largo de los años, cada uno de los accidentes acaecidos en nuestras piezas dentales, ya era todo un experto, un erudito, un paleógrafo de nuestras dentaduras, como si dijéramos. Cierto es que, cuando yo lo conocí, a mi hombre ya se le dibujaban pecas en los dientes, pero (y esto era lo que desconocía el dentista, que yo, por supuesto, ni le descubrí ni intenté explicarle; su miope visión de científico no le habría permitido entenderlo) eran in- formes, descoloridas y caóticas, carentes de la forma, el brillo y el orden que mi amor, uniéndose a la obra de la naturaleza, le iría, poco a poco, proporcionando. Solo un año después de iniciar nuestra relación, la cálida luz de mis labios, el riego constante de mis besos habían logrado que, en el jardín de su colmillo, flo- reciese un pimpollo a partir de lo que hasta entonces no habían sido más que unas cuantas semillas, oscuras e indefinidas, por allí desperdigadas. Seis meses más tarde, gracias al abono, al nocturno fósforo de mi lengua, la rosa se abrió como una galaxia nueva. Yo creé un cosmos en su dentadura, completando la obra del cielo. En su cosmos yo era feliz. Cada vez que mi hombre entreabría los labios para dedicarme una sonrisa y atisbaba yo su rosa, cada vez que unía en beso sus labios a los míos y con su rosa rozaba mi rosa (en mi vientre sentía yo cómo una y otra se superponían simétricamente, cómo se aco- plaban trazo a trazo, hasta casar estambre sobre estambre, estigma sobre estigma, grano de polen sobre grano de polen), me invadía el éxtasis: la piel se me erizaba de gozo, me zumbaban abejas en las sienes, los ojos se me zambullían en el mar de la admiración, el pecho me temblaba, incontrolable, como si mi hombre se riese dentro de él, la antorcha del orgullo me abrasaba el corazón, un río de luz y lava me recorría, borboteante, de la cabeza a los pies. A punto de perder el equilibrio, en mi ayuda venía, agarrándome, dándome sostén, la mano, el brazo de mi hombre, su torso,