El libro de las desilusiones El libro de las desilusiones TEASER | Page 10
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Antonio Mauriz
sus muslos, sus caderas. Firme así en su mástil, le entregaba mi
sustancia y el goce de entregársela. Al fin, me sentía vacía y, al
tiempo, extrañamente colmada. Éramos felices. Nos casamos.
Al cabo de nueve meses, una mañana sonó con fuerza el
picaporte en nuestro nidito de casados. Nunca en mi vida he
sentido, ni llegaré a sentir tanto horror como cuando Delia,
plantada en el umbral para, según dijo, pedirme tardías discul-
pas por no haber asistido a la boda, abrió su cloaca sonriente
tras mi ingenuo y espontáneo perdón y en su colmillo superior
izquierdo nació, idéntica a la mía, del mismo tamaño, figura y
rojo color, fresca y reluciente, otra rosa.