El libro de las desilusiones El libro de las desilusiones TEASER | Página 11
EL AMANTE SUBORDINADO
¿Q ué otra cosa habría podido hacer? Si yo no hubiera aceptado
su regalo, se habría negado en redondo a verme una vez más
fuera de la oficina, en horas de oficina. Ya la iba conociendo. Si
yo, tras abandonar mi despacho cinco minutos después de que
mi caprichito hubiera abandonado el suyo (a eso de las doce
de la mañana, justo cuando más trabajo había) y tras reunirme
con ella en el interior de su Mercedes (que había aparcado en
el callejón contiguo al edificio de la asesoría) no hubiera tenido
la inteligencia de simular una alegre sorpresa al abrir la caja
estampada con relucientes estrellitas de colores y ver allí dentro
al desorientado cachorrillo de westie, exactamente igual, salvo
el tamaño, a su Robertín, que poseía desde hacía seis o siete
años (y que tan buen resultado –aseveraba– le había dado),
si yo no hubiera aplaudido su ocurrencia como espléndido
testimonio de su amor hacia mí, si yo no hubiera consentido
en llevarme inmediatamente el perrillo a casa (ausentándome,
por más tiempo de lo aconsejable, de la asesoría en que ambos
trabajábamos, puerta con puerta, mientras mi caprichito, en
cambio, se reincorporaba rápidamente a su despacho para que,
según afirmaba, no llamásemos la atención regresando ambos
al mismo tiempo y así pudiésemos disimular mejor, ante el jefe