El libro de las desilusiones El libro de las desilusiones TEASER | Page 12

12 Antonio Mauriz y los chismosos, nuestro affaire –como le gustaba denominarlo, nuestros pecadillos profesionales–), si yo no le hubiera pro- metido que, pasase lo que pasase, no cedería ante la previsible oposición de mi mujer a aceptar una mascota (bien conocíamos ambos su animadversión hacia los animales), estoy seguro de que mi caprichito no habría querido volverme a ver fuera de la oficina, en horas de oficina. Desde el comienzo, mi caprichito había excluido tajante- mente, por el qué dirán, la posibilidad de vernos a solas fuera de la oficina, en horas que no fuesen de oficina. De este modo, en caso de que, por desgracia, alguna amiga suya de la buena sociedad nos sorprendiese juntos por la calle, siempre podría aducir el pretexto profesional: que el jefe nos había encargado, al equipo compuesto por nosotros dos, mi caprichito y yo, la importante tarea de ofrecer asesoramiento a una firma multina- cional hacia cuya sede precisamente íbamos de camino. Por este motivo, solíamos ausentarnos, a la vez, de nuestros respectivos puestos, con diferentes excusas (un dolor de cabeza, una urgen- cia familiar, un pez gordo que requería la perentoria presencia de un asesor) a fin de poder vernos un ratito a solas (media ho- rita, tres cuartos, una hora incluso si es que el jefe, por su parte, también se había ausentado, como solía, a saber por qué propias razones) y, si no consumar con hechos, sí al menos aliviar con palabras nuestro ardiente amor burocrático. Es verdad que mi mujer se puso como una hidra y que amenazó con echarme de casa si yo persistía en permitirle a «esa adinerada furcia de pro- vincias» (así la llamó, a mi caprichito que, aunque rica heredera, carecía de prejuicios de clase, como demostraba el hecho de que me hubiera escogido a mí, que provengo de una humilde familia de campesinos) que hiciera ostentación pública de su poder sobre mí y, de paso, según dijo, de su propia humillación. Esto último, si he de ser sincero, no lo entendí muy bien. Quizá