EL JUGADOR - FIÓDOR DOSTOYEVSKI | Page 67

El jugador - Fedor Dostoiewski el hotel! Pero, santo Dios, ¿qué será de nuestra gente ahora? ¿qué será ahora del general? ¡Va a poner el hotel patas arriba! » -Bueno, amigo, ¿por qué estás plantado ahí con esos ojos saltones? -continuó gritándome la abuela-. ¿Es que no sabes dar la bienvenida? ¿No sabes saludar? ¿O es que el orgullo te lo impide? ¿Quizá no me has reconocido? ¿Oyes, Potapych? -dijo volviéndose a un viejo canoso, de calva sonrosada, vestido de frac y corbata blanca, su mayordomo, que la acompañaba cuando iba de viaje-; ¿oyes? ¡No me reconoce! Me han enterrado. Han estado mandando un telegrama tras otro: ¿ha muerto o no ha muerto? ¡Pero si lo sé todo! ¡Y yo, como ves, vivita y coleando! -Por Dios, Antonida Vasilyevna, ¿por qué había yo de desearle nada malo? -respondí alegremente cuando volví en mi acuerdo-. Era sólo la sorpresa... ¿y cómo no maravillarse cuando tan inesperadamente ... ? -¿Y qué hay de maravilla en ello? Me metí en el tren y vine. En el vagón va una muy cómoda, sin traqueteo ninguno. ¿Has estado de paseo? -Sí, me he llegado al Casino. -Esto es bonito -dijo la abuela mirando en torno-; el aire es tibio y los árboles son hermosos. Me gusta. ¿Está la familia en casa? ¿El general? -En casa, sí; a esta hora están todos de seguro en casa. -¿Y qué? ¿Lo hacen aquí todo según el reloj y con toda ceremonia? Quieren dar el tono. ¡Me han dicho que tienen coche, les seigneurs ruses! Se gastan lo que tienen y luego se van al extranjero. ¿Praskovya está también con ellos? -Sí, Polina Aleksandrovna está también. -¿Y el franchute? En fin, yo misma los veré a todos. Aleksei Ivanovich, enseña el camino y vamos derechos allá. ¿Lo pasas bien aquí? -Así, así, Antonida Vasilyevna. StudioCreativo ¡Puro Arte! Página 67