una cuerda—. Tú vete y déjame en paz. No quiero que tu cara de niño bonito sea
lo último que vea.
Michael pensó en Sangre vital profunda, el siguiente nivel del juego, la meta
entre metas. Donde todo era mil veces más real, más avanzado, más intenso. A él
le quedaban todavía tres años para ganarse el acceso a ese lugar. Tal vez dos. Sin
embargo, en ese preciso instante, necesitaba convencer a esa colgada de que no
saltara para reunirse con los peces o de lo contrario lo devolverían a los suburbios
durante una semana, lo que retrasaría ese mismo lapso de tiempo su llegada a
Sangre vital profunda.
—De acuerdo mira… —Intentaba escoger las palabras con cuidado, aunque
y a había cometido un grave error y lo sabía. Salirse del personaje y recurrir al
juego como razón para impedir lo que ella iba a hacer supondría el descuento de
un montón de puntos. Y lo único que importaba eran los puntos. Pero esa chica
estaba empezando a asustarlo de verdad. Era por esa cara que tenía, pálida y
chupada, como si y a estuviera muerta.
—¡Vete y a! —le gritó—. No lo entiendes. Estoy atrapada. Da igual si hay
portales o no. ¡Estoy atrapada! ¡Él no dejará que me eleve!
Michael sintió ganas de gritarle; no soltaba más que tonterías. Su lado oscuro
quería decirle que hasta ahí había llegado, que era una pringada, que se tirase de
cabeza al agua. Estaba siendo muy tozuda; aquello no estaba sucedi