EL JUEGO INFINITO | Página 7

una cuerda—. Tú vete y déjame en paz. No quiero que tu cara de niño bonito sea lo último que vea. Michael pensó en Sangre vital profunda, el siguiente nivel del juego, la meta entre metas. Donde todo era mil veces más real, más avanzado, más intenso. A él le quedaban todavía tres años para ganarse el acceso a ese lugar. Tal vez dos. Sin embargo, en ese preciso instante, necesitaba convencer a esa colgada de que no saltara para reunirse con los peces o de lo contrario lo devolverían a los suburbios durante una semana, lo que retrasaría ese mismo lapso de tiempo su llegada a Sangre vital profunda. —De acuerdo mira… —Intentaba escoger las palabras con cuidado, aunque y a había cometido un grave error y lo sabía. Salirse del personaje y recurrir al juego como razón para impedir lo que ella iba a hacer supondría el descuento de un montón de puntos. Y lo único que importaba eran los puntos. Pero esa chica estaba empezando a asustarlo de verdad. Era por esa cara que tenía, pálida y chupada, como si y a estuviera muerta. —¡Vete y a! —le gritó—. No lo entiendes. Estoy atrapada. Da igual si hay portales o no. ¡Estoy atrapada! ¡Él no dejará que me eleve! Michael sintió ganas de gritarle; no soltaba más que tonterías. Su lado oscuro quería decirle que hasta ahí había llegado, que era una pringada, que se tirase de cabeza al agua. Estaba siendo muy tozuda; aquello no estaba sucedi