EL JUEGO INFINITO | Page 6

1 El ataúd 1 Michael se dirigía a una chica llamada Tany a, hablando contra el viento. —Ya sé que ahí abajo hay agua, pero también podría haber cemento. Quedarás hecha puré en cuanto caigas. Pese a que no era la frase más acertada para persuadir a alguien que quería quitarse la vida, sí era la pura verdad. Tany a acababa de subirse a la barandilla del Golden Gate, los coches pasaban zumbando por la carretera, y estaba inclinada hacia atrás, hacia el vacío, con las manos crispadas en torno a un poste húmedo por efecto de la neblina. Aunque Michael consiguiera convencerla para que no saltara, sus dedos resbaladizos podían acabar tirándola de todos modos. Y entonces se haría la oscuridad. Se imaginó a algún pobre pescador convencido de que por fin había atrapado el pez más grande y que, al recoger la caña, se llevaría una desagradable sorpresa. —Déjate de bromas —respondió la temblorosa chica—. Esto no es un juego. Ya no. Michael se encontraba dentro de la Red Virtual, el Sueño, para las personas que entraban con tanta frecuencia como él. Estaba acostumbrado a ver a gente asustada allí. Mucha gente asustada. Sin embargo, bajo ese miedo, solía suby acer, por lo general, la conciencia. La conciencia de que, ocurriera lo que ocurriese en el Sueño, no era real. No obstante, no era así para Tany a. Tany a era distinta. Al menos su aura, su álter ego simulado por ordenador, lo era. Su aura tenía mirada de pirada, de puro terror, lo que de pronto hizo que Michael se estremeciera; le hizo sentir como si fuera él quien estaba al borde de aquella interminable caída hacia la muerte. Y no es que al chico le gustara mucho la muerte, simulada o no. —Sí que es un juego, y tú lo sabes —dijo más alto de lo que hubiera deseado; no quería sobresaltarla. Pero se levantó un viento frío que pareció atrapar sus palabras al vuelo y arrojarlas con fuerza a la bahía de abajo—. Vuelve aquí y hablemos. Ambos conseguiremos los puntos de experiencia, y podemos ir a explorar la ciudad y conocernos. Encontraremos a un par de locos a los que espiar. A lo mejor hasta podemos hackear el programa para conseguir comida gratis de las tiendas. Lo pasaremos bien. Y cuando hay amos terminado, localizaremos un portal para ti y te elevarás de regreso a casa. Podrás descansar del juego durante un tiempo. —¡Esto no tiene nada que ver con Sangre vital! —le gritó Tany a. El viento le agitaba la ropa y el pelo negro le ondeaba a la espalda como la colada tendida en