—¿Hola? —dijo Sarah—. ¿Quién nos ha traído hasta aquí?
Una puerta se abrió de golpe al fondo y proy ectó un haz de luz que se
desplegó en abanico sobre el suelo. Entró una mujer, y la única palabra que se le
ocurrió a Michael para describirla fue: « ¡Guau!» . Ni guapa ni sexy ni vieja ni
joven ni nada parecido. Le resultaba imposible adivinar qué edad tenía o tan
siquiera decir si era fea o guapa. Pero su elegante vestido negro, su pelo canoso,
su rostro inteligente… toda ella rezumaba autoridad.
Michael rogó que Bry son no dijera ninguna estupidez.
—Sentaos —indicó la mujer mientras se acercaba a ellos—. Debo decir que
estoy impresionada por el farol que os habéis marcado ahí fuera, aunque los dos
idiotas que han picado y a han sido despedidos. —Se sentó en un sillón de cuero
con botones y cruzó las piernas—. He dicho que os sentéis.
Michael se dio cuenta de que los tres se habían quedado mirándola con la
boca ligeramente abierta. Avergonzado, avanzó a toda prisa hacia el sillón situado
a la derecha de la mujer y se sentó en el preciso instante en que Bry son y Sarah
se acomodaban en el de la izquierda.
—Supongo que y a sabéis quién soy —dijo la mujer.
Michael no sabía si estaba enfadada o molesta. Jamás había percibido tanta
neutralidad en la voz de alguien.
—Ronika —respondió Sarah con un susurro reverente.
—Sí, me llamo Ronika. —Fue dirigiendo su fría mirada a cada uno de ellos,
uno por uno, y Michael quedó fascinado—. Estáis sentados en esta sala solamente
por un motivo: tengo curiosidad. Vuestra edad y vuestro pasado no me dan
ninguna pista de por qué estáis aquí. A juzgar por el rato que habéis pasado dando
tumbos por ahí arriba, no estáis aquí para bailar.
—¿Cómo ha…? —Michael se calló antes de hacer la pregunta más idiota de
toda su vida.
Estaba claro que esa mujer tenía los medios para averiguarlo todo sobre ellos.
Sus dotes de hacker eran, sin duda, diez veces mejores que las de Michael. Nadie
llega a ser dueño de un club, ni mucho menos de uno como el Negro y Azul, sin
talento y un montón de dinero.
La mujer se limitó a mirarlo con las cejas enarcadas, lo cual constituía
respuesta suficiente. Prosiguió:
—Quiero dejar algo claro: la reputación del Negro y Azul en la Red Virtual
no es casualidad. Las personas que han intentado hacer lo que habéis hecho hoy
han acabado en hospitales e incluso en manicomios. Responded a mis preguntas.
Sed sinceros y os irá bien. Pero, os lo advierto, detesto el sarcasmo.
Michael cruzó una mirada con Sarah. Ella había conseguido que entraran;
Michael sabía que en ese momento le tocaba a él. Daba la sensación de que
Bry son siempre se iba de rositas.
—¿Por qué estáis aquí? —preguntó Ronika.