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EL CEBÚ • Marzo - Abril 2019 Sanidad Se podría argumentar que durante estos años la investigación y la industria farmacéutica no han aportado los recursos humanos y económicos necesarios para buscar nuevos antibióticos, pero la respuesta es contraria, porque son muchos los grupos de inves- tigación a todos los niveles y muy grande las inversiones de la in- dustria farmacéutica para investigar nuevos productos. Basta con pensar cuál sería el potencial de mercado y la función social que tendría un nuevo antibiótico; motivos más que suficientes para unos y otros que justifiquen su participación en esta búsqueda. Los mecanismos por los cuales una bacteria adquiere resistencia a un antibiótico son los mismos que afectan al humano y a los ani- males, sin olvidar que varias de ellas son patógenas para unos y otros. La complejidad es mayor cuando se considera el fenómeno de resistencia transferible, donde el material genético que deter- mina la resistencia en una bacteria puede pasar a otra de especie diferente, confiriéndole esa característica. La forma más fácil para que una bacteria adquiera resistencia es exponerla a cantidades insuficientes de antibióticos para produ- cir su muerte, como sucede cuando se hacen tratamientos in- completos en tiempo o con dosis inferiores a las recomendadas o cuando se consumen alimentos con residuos de antibióticos. A estas fallas en el manejo de los antibióticos se suma el hecho de que en un animal hay múltiples especies de bacterias localizadas en órga- nos diferentes donde el antibiótico que se está aplicando para tratar una patología no alcanza la concentración suficiente para atacar las que están en esos órganos. Por ejemplo, una vaca que se trata correc- tamente para una neumonía puede tener una mastitis subclínica que por problemas de difusión de antibióticos en la ubre no actúa sobre esas bacterias productoras de mastitis y antes, por el contrario, con- tribuye en la creación de cepas resistentes a esos antibióticos. Se han establecido algunos parámetros básicos para usar un anti- biótico en humanos o animales: - Debe existir un diagnóstico médico que justifique el uso del an- tibiótico. - El principio activo seleccionado debe cumplir con los requisitos farmacológicos, de distribución, concentración y duración en el órgano afectado. - El antibiótico debe ser activo frente a los microorganismos im- plicados en la infección. - La dosis y duración de tratamiento deben cumplir con los prin- cipios terapéuticos. - En veterinaria, adicionalmente, se debe considerar el estado productivo del animal a tratar para determinar la duración de los residuos de antibióticos en carne, leche o huevo, que son factores de riesgo para generación de resistencia en el consumidor. Un reflejo de la problemática de la resistencia bacteriana lo pode- mos ver en forma práctica cuando se comparan los porcentajes de sensibilidad encontrados para Streptococcus sp y Staphylococ- cus sp aislados de casos de mastitis bovina en muestras remitidas al Laboratorio Médico Veterinario LMV SAS para diagnóstico. Todos los antibióticos usados para tratar mastitis vienen mostran- do una tendencia descendente en el porcentaje de sensibilidad. Por ejemplo, desde 1995 a hoy las cepas de Streptococcus sp pasan del 90 al 50% de sensibilidad para la penicilina y ampicilina; La eritromicina pasa del 75 al 45%. En solo los últimos 10 años, la amoxicilina ha pasado del 97 al 90%, cefalotina del 95 al 80% y cefquinone del 96 al 82%. Para los aislamientos de Staphylococcus, en los mismos periodos de tiempo, penicilina pasa del 50 al 35%, ampicilina del 70 al 42%, eritromicina del 87 al 55%, amoxicilina del 58 al 42%, cefalotina del 96 al 72% y cefquinone del 95 al 88%. Si la situación es preocupante para la elección del antibiótico para el tratamiento de la mastitis, no menos lo es para el trata- miento de las enfermedades respiratorias de las aves. Castaño & Colaboradores, en 2008, sobre 511 antibiogramas de microorga- nismos aislados en esta problemática, encontraron resistencia en el 46.4% de la cepa a norfloxacina, 62.5% a enrofloxacina, 42.2% a ciprofloxacina, 66.9% a fosfomicina y 78.2% a sulfatrimetoprin. De estos aislamientos, 108 (23.8%) fueron resistentes a los cinco prin- cipios evaluados, que son a su vez los más recomendados y usa- dos en el tratamiento de las enfermedades infecciosas de las aves. Todos tenemos un compromiso humanitario, social y productivo para salvaguardar los antibióticos y permitir prolongar el tiempo de su utilización al máximo. Es urgente que el ente regulador, la indus- tria farmacéutica, los médicos veterinarios, los almacenes provee- dores de insumos, los ganaderos, administradores y trabajadores de las fincas conformemos un frente común para usar en forma co- rrecta y responsable los antibióticos y proteger este “recurso no re- novable” en bien de la humanidad y futuro de la industria pecuaria. Con este panorama, ¿por cuánto tiempo más tendremos antibióticos? FUENTES: » Resultados de la casuística de LMV SAS » Castaño J y Colaboradores 2008. Biosalud. Volumen 7 » Vademécum veterinario. Aprovet. 12ª Edición 95