EL CEBÚ • Marzo - Abril 2019
Sanidad
Resistencia bacteriana,
¿por cuánto tiempo más
tendremos
Por: Víctor Cotrino B.
Director Científico. Laboratorio Médico
Veterinario L.M.V. SAS
e-mail: dircientifica@lmv.com.co
E
l tema y la problemática de la resistencia bacteriana están
ampliamente documentados en millares de publicacio-
nes científicas, reuniones de expertos y congresos de in-
fectología, tanto de medicina humana como veterinaria.
En todos se concluye que las bacterias están ganando la lucha
frente a los antibióticos y que este “recurso no renovable” no es-
tará disponible para controlar las infecciones bacterianas en un
futuro no muy lejano.
Con el ánimo de frenar los procesos de resistencia y salvaguar-
dar la actividad de los antibióticos la Organización Mundial de la
Salud, O.M.S., en asocio con investigadores, académicos y la in-
dustria farmacéutica, ha tomado decisiones como: un antibiótico
se debe usar específicamente para tratar una patología causada
por un microorganismo específico, usarlo únicamente bajo indi-
cación médica o prohibiendo su uso en veterinaria.
Quienes participamos en la actividad pecuaria, ya sea como médi-
co veterinario, productor, administrador o proveedor de insumos,
no mostramos la misma preocupación frente al futuro de la sanidad
animal cuando se agoten los antibióticos y mucho menos recorda-
mos que muchos de los problemas de resistencia bacteriana en el
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?
humano se han originado con el uso de antibióticos en animales.
A pesar de las múltiples investigaciones e inversiones hechas por
los científicos, la academia y la industria farmacéutica, no se en-
cuentra una solución para dar al mercado nuevos antibióticos y/o
contrarrestar el problema de la resistencia bacteriana.
Si analizamos el aporte que ha hecho la investigación y la industria
en la oferta de antibióticos usados en veterinaria desde 1940 has-
ta hoy, encontramos que en la década de los 40 se patentaron tres
principios activos; en los 50 cinco; en los 60 once, principalmente
cefalosporina de primera generación; en los 70 tres cefalosporinas
de segunda generación; en los 80 únicamente ceftiofur y enrofloxa-
cina; y al principio de la década de los 90 cefquinone. Se cumplieron
23 años sin que en veterinaria se cuente con un nuevo antibiótico.
El gran aporte de Alexander Fleming en 1928, al descubrir la
penicilina como producto metabólico de Penicilum notatum,
fue abrir el camino para buscar en la naturaleza microorganis-
mos capaces de producir antibióticos; es así como en la déca-
da de los 50 y 60 aparecen en su orden: estreptomicina, clo-
ranfenicol, oxitetraciclina, eritromicina, espiramicina, tilosina,
lincomicina, gentamicina y finalmente en 1966 fosfomicina. Es
decir que en los últimos 48 años no se ha encontrado en la
naturaleza otro microorganismo productor de un nuevo anti-
biótico. ¿Será que la naturaleza no tiene más microorganismos
productores de antibióticos?