EL CEBÚ • Marzo - Abril 2019
Manejo
que son transferidas desde el torrente sanguíneo de la madre
(Larson et al., 1980; Sasaki et al., 1983). En el calostro las inmuno-
globulinas de mayor importancia (en orden de absorción), son las
de tipo G, M y A; las de tipo G, son las encargadas de identificar y
ayudar a destruir patógenos invasores, y al ser de menor tamaño
que las demás inmunoglobulinas se pueden desplazar más fácil-
mente por el torrente sanguíneo; las de tipo M, se encuentran en
la primera línea de defensa del organismo en caso de septicemia,
además son moléculas grandes que se ubican en la sangre y pro-
tegen al ternero de las bacterias; finalmente, las de tipo A, son
las encargadas de proteger las superficies mucosas del intesti-
no, para que no se adhieran patógenos y causen enfermedades.
(Campos G., Rómulo.2007; Elizondo, J. 2007)
En cuanto a los factores de crecimiento presentes en el calostro
tenemos:
• Factor de crecimiento epitelial (EgF)
• Factor de crecimiento insulinoide I y II (IgF-I e IgF-II)
• Factor de crecimiento de los fibroblastos (FgF)
• Factor de crecimiento derivado de plaquetas (PDGF)
• Factores de crecimiento transformadores A y B (TgA y B)
• Hormona del crecimiento (GH)
Permitiendo el aumento de la mitosis (reproducción) de las célu-
las y el crecimiento de los tejidos al estimular la síntesis de DNA y
RNA, dichos factores pueden aumentar el número de células "T”,
aceleran el proceso de cicatrización de heridas, estabilizan los ni-
veles de glucosa, disminuyen la necesidad de insulina, aumentan
el crecimiento óseo y muscular, además estimulan la oxidación de
las grasas (Stott, G.H.; Fellah, A. 1983).
Factores que afectan la transferencia de inmunidad pasiva
La absorción de una cantidad adecuada de Ig del calostro dismi-
nuye con el paso del tiempo por el cese del transporte de molé-
culas a nivel intestinal, para que se dé una absorción adecuada
de Ig se requiere que la cría sea capaz de absorber Ig del calostro,
lo cual depende del periodo de tiempo que transcurre entre el
nacimiento y el suministro de calostro; y que los terneros consu-
man una cantidad suficiente de Ig, lo cual está determinado por
la concentración de Ig en el calostro y la cantidad de calostro con-
sumido (Stott et al., 1979a,b; Stott y Fellah, 1983).
Además de una toma oportuna de calostro, la concentración de
Ig en el suero sanguíneo depende también de la cantidad de Ig
consumidas (Stott et al., 1979a,b; Stott y Fellah, 1983), la cual de-
pende del volumen de calostro consumido, la concentración de
Ig en el calostro y la eficiencia de absorción de Ig en el intestino
(Stott et al., 1979a,b; Stott y Fellah, 1983; Morin et. al., 1997). Por lo
tanto, para asegurar un adecuado nivel de Ig en el suero sanguí-
neo, los terneros deben recibir un volumen de calostro que pro-
vea una adecuada cantidad de inmunoglobulinas y el volumen
de calostro a alimentar, dependerá de su contenido de Ig (Fleenor
y Stott, 1980).
Así, por ejemplo, un calostro rico en inmunoglobulinas requerirá
de un menor volumen que un calostro de baja calidad. Es impor-
tante notar que la cantidad de Ig absorbidas antes del cierre intes-
tinal aumenta según la calidad y el volumen de calostro ofrecido.
La toma oportuna de una cantidad suficiente de calostro, rico en
inmunoglobulinas, es esencial para aminorar la pérdida de los
terneros debido a enfermedades neonatales. Shearer et al., (1992)
concluyeron que de 10 a 40% de los terneros no logran alcanzar
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las concentraciones adecuadas de Ig en suero cuando se alimen-
tan con calostro de baja calidad.
En otro estudio, Brignole y Stott (1980) reportaron que de 25 a
42% de las crías recién nacidas no pudieron tomar el calostro de
sus madres en las primeras 14 h posparto. Por tal razón, no debe
asumirse que los terneros nacidas durante la noche han consumi-
do una cantidad adecuada de calostro. A dichas crías se les debe
alimentar a mano una cantidad adecuada de calostro lo antes
posible. Preferentemente, un calostro de buena calidad debe ali-
mentarse en los primeros 30 minutos después del nacimiento por
medio de chupón o un alimentador esofágico.
Franklin et al. (2003) indican que en caso de que no se conozca
el contenido de Ig en el calostro, es recomendable alimentar al
menos 2.84 L por medio de chupón o tubo esofágico inmediata-
mente después del nacimiento y ofrecer una segunda toma igual
entre las 8 y 12 horas de edad.
De acuerdo con Nousiainen et al., (1994) una inmunidad adecua-
da requiere de una concentración de IgG en suero de al menos
10 mg/mL (1000 mg/dL o 10 g/L). Basado en lo anterior, ¿cuántos
litros de calostro con una concentración de IgG igual a 60 mg/mL
deberá consumir una ternera de 35 kg de peso?.
Para contestar la pregunta anterior hay que tomar en cuenta que
el volumen de plasma de un ternero recién nacido puede oscilar
entre 6.5 y 14.5% de su peso corporal (Quigley et al., 1998). Si se
considera un volumen de 8%, el volumen de plasma estimado es
2.8 L (35 kg x 0.08). La cantidad de IgG necesaria para alcanzar una
concentración en suero de 10 mg/mL se calcula como 2.86 L x 10
g/L IgG = 28 g IgG.
La eficiencia aparente de absorción reportada de IgG del calostro
dentro de las dos horas del nacimiento oscila entre 21 y 50% (Bes-
ser et al., 1985). Considerando una eficiencia del 25%, la ternera
deberá consumir un mínimo de 112 g de IgG (28 g / 0.25 = 112 g).
La cantidad de calostro que debe consumir la ternera para sumi-
nistrar 112 g de IgG es de 1.87 L (112 g/60 g/L = 1.87 L).
Pero si, por ejemplo, se alimenta un calostro de menor calidad,
que contiene 35 mg/mL, entonces 3.2 L (112 g / 35 g/L = 3.2 L) de
calostro serán necesarios para alcanzar el nivel de IgG deseado.
En la tabla 2, se presenta una serie de volúmenes de calostro ne-
cesarios para proveer niveles adecuados de Ig a los terneros con
diferente peso al nacimiento. Davis y Drackley (1998), sugieren
que una concentración en suero igual a 15 mg/mL es más desea-
ble como meta de manejo, pero dicha meta aumenta la cantidad
de calostro requerido. Además, hay que tomar en consideración
que, si la cría es más pesada o si la capacidad de absorción es me-
nor, la cantidad de calostro a suministrar debe ser mayor.
Factores asociados con la concentración en el calostro
Durante los últimos días de gestación, grandes cantidades de
IgG1 y menores cantidades de IgG2, son transferidas de la glán-
dula mamaria al calostro (Larson et al., 1980). Sin embargo, mu-
chos factores influyen sobre la concentración de Ig en el calostro
de vacas lecheras.
El volumen de calostro producido al primer ordeño, después del
parto, influye significativamente sobre la concentración de IgG, ya
que grandes volúmenes de calostro diluyen las IgG acumuladas en