Un ex árbitro del Ascenso y su desafío: dar un mensaje de paz en Malvinas
"Unir Malvinas", corriendo 280 kilómetros en seis días -tres en Puerto Argentino y tres en Darwin-, es el compromiso asumido por Alejandro Gabriel Scomparin, emblemático árbitro del ascenso entre 1995 y 2005 y actual maratonista. "Se juntaron mi interés por las Islas Malvinas y mi pasión por el deporte. El objetivo de este proyecto personal es rendirles homenaje a los caídos argentinos y británicos y un reconocimiento a los que volvieron. Voy a recorrer los lugares más representativos de la Guerra y para finalizar uniré ambos cementerios, distantes 30 kilómetros entre sí, como mensaje de paz y diálogo", explica.
Al desatarse el conflicto bélico en 1982, Scomparin tenía 11 años y quedó impactado; desde entonces, inclusive antes de definir su destino de referí, siguió de cerca el asunto. "Conocí personalmente al comodoro Pablo Carballo, aviador y uno de los héroes de Malvinas, y él me propuso la idea de correr allá. Me dejó pensando y me decidí. Hay una maratón en las Malvinas, pero no me cerraba; por eso decidí correr mi propia carrera. Será en diciembre por una cuestión climática y que los días son más largos. Dos amigos, ex veteranos ambos, me están ayudando mucho: Eber Moriena, ultramaratonista de Río Cuarto, me aconseja sobre el equipamiento y nos entrenamos juntos. Y Walter Goñi, de Mar de Ajó, me brinda orientación logística y contactos importantes".
Scomparin debutó como árbitro en Yupanqui-Acassuso, por la séptima fecha del campeonato de Primera D el 14 de octubre de 1995. Esa división lo mostró como árbitro en 91 partidos; además dirigió un partido en Primera C (Luján-Liniers en 2000) y fue asistente en categorías superiores. "El mundo de la Primera D es la esencia del deporte amateur -sentencia en su entrevista con Clarín-. Disfrutaba mucho esa categoría. Comprobé historias de vida de dirigentes, técnicos y jugadores. Ahí se juega, salvo excepciones, realmente por el sandwich y la gaseosa. Las paredes de las cancha las pintaron los directivos, que también atienden el buffet. Los técnicos le ponen mucho corazón y conocimiento, aunque tengan otra actividad para vivir. Esos clubes, además, cumplen un rol social importantísimo, y hoy más que nunca son fundamentales por la contención que les dan a muchos chicos. La rescato como una etapa muy linda y si hoy tengo que elegir ir a ver algún partido seguramente elijo uno de la D". Su último partido como árbitro principal fue Lugano-FC Urquiza el 4 de octubre de 2003.
"El arbitraje -destaca Scomparin- me ha marcado para toda mi vida, me dio valores que al día de hoy sostengo: disciplina sobe todo, constancia y sacrificio. Comprobar que para conseguir algo hay que esforzarse. Además de haber conocido gente excepcional. Después de tantos años, gracias a las redes sociales, volví a tomar contacto con jugadores que dirigí y las cosas que me manifiestan, sin compromiso porque ya estamos todos retirados, me llenan el alma".