Son varias las anécdotas que rememora, por ejemplo: "Una vez siendo juez de línea en cancha de Lugano perdí la llave del vestuario. Durante el partido se me cayó del bolsillo y recién me di cuenta al final cuando fuimos a cambiarnos. Se fueron todos y quedamos sólo los integrantes de la terna arbitral, junto a la Policía, buscándola en el pasto. Un fotógrafo nos sacó una foto y salió publicada al otro día en Olé y Sólo Fútbol".
Volviendo a la proeza física a cumplir en diciembre, Scomparin -porteño de 45 años y Director de Relaciones Institucionales en la Universidad Tecnológica Nacional (UTN)- cuenta: "Es un emprendimiento personal, no tengo apoyo ni relación con ningún organismo nacional, provincial o municipal. Solamente me dan una mano, grande por cierto, la empresa de indumentaria "No aflojes", aportando una mochila térmica para el desierto, y el club Aldosivi, a través de su gerente Cristian D'Amico, con equipamiento, un cámara PC Box para registrar mi recorrido y con camisetas que usaré para correr. Después de dejar el arbitraje, estuve viviendo un año en Mar del Plata, por mi labor profesional en la UTN, y ahí me hice socio del Tiburón". Atrás quedaron el silbato y las tarjetas, ahora es tiempo de zapatillas y corazón. Mucho corazón.
Noticia: clarin.com