Edición OCTUBRE digital_octubre | 页面 92

92 mercado latino | OCTUBRE 2018 Liverpool que había sido construido en 1825 y encontré el edificio en ruinas” recordó Paul McCartney “Me intrigaba tanto el lugar donde había pasado tantos años que incluso filmé una película con profesores y estudiantes (incluyendo George Harrinson) que me inspiraron a hablar con gente, para salvar el edi- ficio. La idea les llevó siete años de reuniones, 20 millones de libras en donaciones y como él mismo dice “Si fuera tan fácil, todos lo estarían haciendo”. El Instituto Artístico de Liverpool abrió sus puertas en Enero de 1996 y fue inaugurado oficialmente por la Reina Isabel el 7 de Junio de 1996. Hoy cuenta con 807 estudiantes de los cuales 183 pertenecen a 33 países diferentes y en la administración confirman que el 78% de sus egresados al día de hoy siguen trabajando en medios artísticos. Y por lo visto, el éxito menos conocido de Paul McCart- ney, se llama Liverpool Institute for Performing Arts. ¿Además de haber tenido tanto que ver con la fundación del Liverpool Institute for Performing Arts, alguna vez te presentaste en alguna clase, con los estudiantes? - Nunca hice ningún tipo de gra- bación, pero con los compositores que estudian sí tuve veces donde escucho una serie de sus composi- ciones. Yo siempre les digo “Ok, yo no sé como hacer esto” y ensegui- da me ponen caras raras, pero de verdad yo no sé como hacerlo y ni siquiera quiero saberlo. Cuando me siento a escribir una canción, espero que sea algo que no sé como hacer. No quiero ponerme a pensar que tengo que hacer porque me volvería demasiado predecible. Pero bueno, después de decirlo, ellos me tocan sus trabajos y yo trato de criticarlos o decirles lo que yo haría aunque tampoco tienen que aceptarlo por- que es su canción. Pero en general... lo aceptan. Supongo que mis suge- rencias son buenas (risas). ¿Y fuera de la escuela, qué consejo darías para componer una canción? - De verdad, no lo sé. Pero si ahora mismo tratara de escribir una canción, primero me iría a un lugar muy tranquilo y lejos, incluso el baño, porque componer música da vergüenza. No te gustaría hacerlo en público. Los errores son mejores cuando se cometen en privado. Probablemente llevaría mi guitarra y empezaría a improvisar con algún acorde que se me ocurra ese día. Después haría algunos cambios, se- leccionando un ritmo hasta que me sienta bien como mi estado de áni- mo. Recién entonces empezaría a cantar, para ver como sale. A veces termina siendo alguna locura, pero yo igual sigo, tratando de perseguir las huellas. Lo importante es seguir sin pensar “esto es terrible”, porque muchas veces el segundo verso o el coro puede ser genial y se puede volver para arreglar el principio.