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Folleto Dí Arte
Pobre suspiro lanzado al viento, perdido, gastado en vano, confuso como un grito de amor desesperado al verse en su garganta ya difunto. Colmada de estos vacíos oscuros, que desde sí misma se asoma para ver pasar el tiempo, la lluvia, las ramas que la violan, las hojas secas que la besan, el sol la retuerce, el suelo la huele, el viento la hiere y allí, tragada por la barranca está solitaria una ventana para enseñarle al mundo, que sin amor, hasta el hierro más duro muere.
No son mis días
A mi hermana Marinela Piedrahita
No son mis días, ni mi orfandad, ni la tuya, ni las ganas de vivir, ni el deseo de la muerte, no son las heridas, ni la distancia, ni el deseo de verte, ni mi capacidad de olvidar, ni mi pose de poeta, ni mi inspiración una derrota, ni mi ausencia de ti, ni estas lagunas que me hunden, ni la canción de Patxi Andion, ni una veta de luz en tus ojos, ni los recuerdos de la finca, ni los caminos en las manos, ni los sueños que se vuelven pesadillas, ni tu guerra, ni mis crímenes, ni los hijos y la fuerza, ni mi abrazo y tu adiós, ni los restos en el río, ni las flores del limonero, ni los fantasmas que no asustan, ni la soledad que nos convoca, ni el saber de la hermandad, ni la sangre que nos une y se derrama, ni la fortaleza y la desgracia ni el encontrarnos en la vida por casualidad, por las ligaduras de los padres, por la suerte del destino son tus lágrimas y las míaslas que nos dejan ver cuánto nos amamos.
Felipe Piedrahita