Dí Arte | Page 20

Folleto Dí Arte

a mis amigos y a mí, ' asesinos de la literatura popular de Itagüí '; y yo me preguntaba, ¿ acaso nosotros hemos mandado a los escritores que purifiquen sus poemas en la fecunda laguna de los ' amigos ' españoles de Sábato? ¿ Cuándo le hemos pedido al narrador que se sirva de la lengua estricta y rigurosa del doctor en filosofía?; y, a pesar de que no he podido conseguir que respondan mis inquietudes, sí he llegado, de la mano de mis amigos de los viernes, claro está, a una conclusión tentativa, a saber, que es más ' asesino ' aquel que se niega a comprender la complejidad del lenguaje por la certeza que posee en lo que debe de ser la literatura y de paso su materia esencial, o sea, el lenguaje mismo. En efecto, aquel que se proclama defensor y cultivador de ' la literatura popular de Itagüí ' no hace más que matar esa semilla en gestación, pues, una cosa es la voz del escritor, el estilo, la palabra que escrita por él inmortaliza una cultura, unos hombres, una forma de ver el mundo que sólo ese lenguaje permite, y otra cosa es negar la complejidad del lenguaje arguyendo que al exigir una coma( que no aparece por voluntad del escritor sino por ignorancia del mismo) se le está imponiendo al hablar vivo el terrible y mortífero rasero de la RAE.
Sólo quisiera concluir este parloteo con una cita de un muy bueno e ilustrador ensayo del tantas veces celebrado Julio Cortázar y que lleva por título: Algunos aspectos del cuento, texto que deberíamos leer continuamente todos los que estemos interesados en la literatura:
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“ En nuestra provincias centrales y norteñas [ en Argentina ] existe una larga tradición de cuentos orales, que los gauchos se transmiten de noche en torno al fogón, que los padres siguen contando a sus hijos, y que de golpe pasan por la pluma de un escritor regionalista y, en una abrumadora mayoría de casos, se convierten en pésimos cuentos. ¿ Qué ha sucedido? Los relatos en sí son sabrosos, traducen y resumen la experiencia, el sentido del humor y el fatalismo del hombre del campo; algunos incluso se elevan a la dimensión trágica o poética. Cuando uno los escucha de boca de un viejo criollo, entre mate y mate, siente como una anulación del tiempo, y piensa que también los aedos griegos contaban así las hazañas de Aquiles para maravilla de pastores y viajeros. Pero en ese momento, cuando debería surgir un Homero que hiciera una Ilíada o una Odisea de esa suma de tradiciones orales, en mi país surge un señor para quien la cultura de las ciudades es un signo de decadencia, para quien los cuentistas que