Dí Arte | Page 19

Número 4 / Mayo de 2013

en el cual el novelista argentino le responde a una serie de puristas españoles que no es posible, sin sacrificar la vitalidad del español, exigir que todos los países de habla hispana hablen el español que se habla en castilla; en este orden de ideas, el escritor del Túnel termina su texto de manera satírica diciendo:“ Lo único que puede decirse es que en Toledo se habla el mejor español toledano” [ 2 ].
Pero una afirmación como la presentada por el escritor argentino no niega, ni mucho menos desmiente, la necesidad de los criterios y reglas de la gramática; todo lo contrario, él está peleando en contra de unos criterios particulares, no en contra del hecho de que el lenguaje responde necesariamente a ciertas reglas que habrán de garantizar la comprensión del mismo. Aunque, con lo anterior no pretendo decir, si alguno de ustedes lo está pensado así, que pueda existir una única gramática, entendiendo por esto la existencia de unos criterios absolutos; ni más faltaba, lo que deseo decir es que dichos criterios están condicionados y validados por la práctica y el uso, por la forma como se habla; pero, además, por la historia de las palabras y por el sentido que quién escribe o habla le da a todo aquello que dice, entre otras cosas más que no pretendo nombrar acá. En efecto, cada vez que leo escritores de la reputación de Manuel Mejía Vallejo, Juan Rulfo, Enrique Buenaventura, Julio Cortázar o Augusto Monterroso, entre otros, confirmo nuevamente la completa necesidad que cumplen, por ejemplo, todos los signos de puntuación a la hora de marcar y determinar el sentido de un texto escrito. Claro está que existen bellas y conmovedoras obras poéticas que no poseen un solo sigo de puntuación( por lo menos no de manera explícita), caso preciso son los poemas del poeta colombiano Raúl Gómez Jattin; aunque, el hecho de que el poeta cartagenero no hubiera utilizado de manera explícita algunos signos de puntuación, no se traduce, como sí nos ocurre a muchos, en su desconocimiento, o simplemente en su ignorancia. En este sentido, nos preguntamos mis amigos y yo cada viernes, '¿ qué sería de los cuentos de Juan Rulfo si nunca hubiera aprendido a usar el punto seguido como magistralmente lo hizo?'. Pero a dónde quiero llegar con esta cháchara; pues bien, ocurre que hace algunos días leía que alguien sentenciosamente nos llamaba,
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