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Folleto Dí Arte

a comprobar que la encapuchada era la yarnie: tenían la misma forma de los senos y sus pezones no se levantaban, si bien, había dos peros, el clima no era el mismo, frío y después caliente, y a las mujeres Minika tampoco se les levantaban los pezones, luego, había algo en esa cultura que inhibía esa individualidad(…). Juan le pudo haber preguntado a la yarnie si ella era la nudista del pasamontañas, pero esa pregunta era inadmisible, un buen matemático no fuerza sus demostraciones, más bien las espera con paciencia. La yarnie, al parecer, tomó el fracaso de Juan como un acto deliberado, como un sabotaje para mantener intacto el estilo de vida Minika. O al menos eso es lo que se deduce de la razón que le dio para empezar a acostarse con él:“ nunca me había acostado con alguien sin barba”. Eran encuentros esporádicos y a la vez furtivos, sexo potenciado por la adrenalina que se desprende de la infidelidad. Claro que, como todo encuentro con ese par de características, va perdiendo la primera para hacerse cada vez más frecuente. En la cama, ella tejía en los tiempos muertos, es decir, entre coito y coito. Mientras tejía, tensaba los hilos de su existencia, le contaba su historia a Juan. Sin embargo, nunca se refirió a algo parecido a marchar al desnudo. Ella siempre tejía con una lana muy delgada, tanto que parecía que nunca iba a terminar eso que llamaba proyecto. Lo que tejía era una incógnita para Juan, era el trabajo de una especie de Penélope moderna, una que no necesitaba deshacer lo tejido para alargar el tiempo y mantener su castidad. Hasta que se vieron un fin de semana entero, mientras el profesor de antropología estaba por fuera de Medellín. El matemático intuía que iban a ser dos días sin puntos intermedios, sexo y obsesiones para ella y para él. Y así ocurrió, desde su punto de vista, fue una carrera de relevos entre intentar levantar los pezones de la yarnie y verla tejer. Comparado con los otros encuentros, que fueron cortos, tenían tiempo de sobra. Por eso, a lo mejor, no empezaron por el sexo sino por el ritual del tejido, cuya poética, sin embargo, varió radicalmente: en lugar de contar su historia, la yarnie tejió con las manos y también con la lengua, esto es, los movimientos de las agujas los secundó con instrucciones, con la oralidad de esos movimientos: 2 agujas, una # 4 y la otra # 5 … puntos canelón … 2 puntos derecho, 2 puntos revés … Por momentos, Juan sentía que lo estaba ilustrando y, en su defecto, que lo estaba adoctrinando. Con el pasar de los coitos,
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