Folleto Dí Arte
La yarnie y el matemático: prueba de mi primer caso resuelto
El mundo es más axiomático de lo que parece. Por ejemplo, dos personas siempre suman, por lo menos, dos obsesiones. Premisa: una yarnie y un matemático viviendo en mundos paralelos. Yarnie: así se autodenominan las obsesas del arte de tejer, las que creen que todo se puede reconstruir con lana. El matemático, por su parte, es obsesivo-compulsivo del ala de los ritualizadores mentales desde los 11 años. Sin embargo, a partir de los 12, verte todas sus obsesiones y compulsiones en el mundo de las matemáticas. Por prescripción mía, su mamá lo ingresó al semillero de matemáticas de la universidad de Antioquia. Allí, prolonga el semillero en el pregrado y en la maestría para, finalmente, doctorarse en matemáticas.
La yarnie descrita por el matemático:
No sé cuántos años tenía, pero, de seguro, había vivido más. En cualquier caso, no tenía más de 22. Nació entre 1970 y 1971 con las protestas estudiantiles por la autonomía universitaria palpitando en el corazón de su mamá. Su mamá era activista de la JUCO y ascendía en las bases de la pirámide organizacional del MOIR. Era una suerte de estudiante eterna o, como todo estudiante revolucionario, una refrenada por las coyunturas sociales, en su caso, de los años setenta. Por eso yarnie no fue criada por su mamá sino por la universidad que coexiste con la universidad oficial. Ella fue uno de los niños que crecen alrededor del Bloque 9, internalizando sus dicotomías, algunas irreconciliables como la de doctrina política y sentido de la realidad. Esa ruptura nunca se la perdonó a su mamá, eso sumado a que nunca le quiso revelar quién era su progenitor. Por eso yarnie abandonó el bachillerato y se fue a vivir con un profesor de antropología que la vio crecer.
El matemático conoce a la yarnie a través del profesor de antropología. Sin embargo, por una coincidencia como prueba, el matemático cree haberla visto antes en la universidad. La vio, según él, en una protesta estudiantil masiva: ella hacía parte de un grupúsculo que iba desnudo del cuello para abajo, con pasamontañas y nada más. Hacia ella lo atrajo una excepción, hacía frío y era la única a la que no se le habían levantado los pezones.
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