Número 4 / Mayo de 2013
Transeúnte del tiempo
Va emergiendo de la oscuridad un hombre, transita un poco lento, arrastra un traje que lleva puesto; en sus manos carga toda clase de productos, de su espalda cuelga una maleta llena de ropa, una vasenilla, un cuadro y toda clase de cosas inservibles; con su pierna izquierda arrastra toda clase pitas y enredaderas, los zapatos lucen deterioro y su pie derecho una herida profunda. En su boca carga un cigarrillo sin encender. Va caminando y cada paso produce leves ruidos; tropieza y se le cae un elemento que lleva en la mano. Se le nota cansancio en el rostro; suelta una carcajada destemplada y dirige su voz hacia un lugar:- ¿ Conocen el olor?, la nariz parece que no hace parte de la cara, las fosas nasales se taponaron de repudio, el cerebro ya no analiza las esporas que viajan hacia el pulmón- sigue hablando mientras recoge las cosas- ¡ Sientan!, sientan el olor que está en la mitad de ustedes. Su faz cambia por completo, pero mantiene el andar que antes llevaba; se detiene y su voz vuelve salir:
-El recuerdo de mi niñez es una escoria; mi destino manipulado como un escrito que nunca escribí. Un dios me usa como su títere. Se traslada al lado derecho y cambia su camino:-El recuerdo de mi niñez es una escoria; mi destino manipulado como un escrito que nunca escribí. Un dios que me usa como su títere. Enciende un nuevo cigarrillo que tenía guardado en uno de los bolsillos de su gabán:-El sabor del humo es igual al beso de una puta, entre más asqueroso sabe, más interesante se hace. Y cada aspirada es como si probara un dulce de la niñez. Suena un estruendo mientras la noche cae totalmente:-El único color que puedo ver es el de la muerte, el de mi soledad. El tacto es el peso de mis sueños y el sonido la alegría de mis tristezas. Sigue avanzando el hombre hacia un lugar, mientras la noche espera el nuevo día.
Yovany A. Piedrahita Cardona
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