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Dos Años de Vacaciones
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les quedaba la esperanza de que los vigilantes verían
la luz que Mokó había colocado en el palo de
mesana. Mas ¡oh desgracia! en aquel instante, un
movimiento del buque hizo que se rompiera la driza,
y el farol cayó el mar.
Nada quedaba ya que indicase la presencia del
Sloughi, sobre el que el steamer corría con una
velocidad de doce millas por hora.
Algunos segundos después, el yate fue abordado,
y se hubiera ido a pique irremisiblemente si el buque
le hubiera cogido de costado; pero felizmente
recibió el choque por la popa, no sufriendo más
avería que la pérdida de parte del cuadro, sin
perjudicar el casco.
El golpe fue tan débil, que los tripulantes del
steamer apenas si pararon mientes en ello, y
continuaron su ruta sin preocuparse lo más mínimo
del Sloughi, que desgraciadamente quedaba a merced
de una próxima borrasca.
Sucede con demasiada frecuencia que los
capitanes se cuidan poco de socorrer a los buques
con quienes chocan los suyos. Es un crimen del que
existen numerosos ejemplos; mas por lo que hace a
este caso, es admisible que a bordo del steamer no se
hubiera notado el encuentro con aquel ligero yate, a
quien no habían entrevisto siquiera en la sombra.
Entonces ya, empujados por el viento, los
pobres niños debieron creerse perdidos. Cuando
amaneció, la inmensidad del agua estaba desierta. En
aquella parte, poco frecuentada, del Pacífico, los
buques que van de Australia o a América, y viceversa,
corren más al Sur o más al Norte. Ni uno
pasó al alcance del yate. La noche llegó, peor que el
día aun, y si bien hubo alguna calma, el viento Oeste
no cesó de soplar.
¿Cuánto duraría aqu