Pablo estaba dispuesto a seguir en sus trece.
-Mira, Evelin, tú sabes bien que yo ésto sólo lo hago por vosotras. Mi programación está hecha; además, es malo que así, de golpe, fuerces los músculos.
-Ya, pero no me parece bien que nos menosprecies, por ser chicas, y que no nos permitas hacer el mismo deporte que hacen los chicos.
-No os menosprecio, Evelin, al contrario, os estoy ayudando.
-Yo te doy las gracias, Pablo, pero me gustaría esforzarme más.
-Pues, bueno, vale, si tú quieres y crees que puedes hacer un deporte puro y duro, del cuál también se quejan los chicos, yo te dejaré que lo hagas como ellos, pero muchos de los chavales de clase quieren estar en tu lugar, qué lo sepas.
-Ya lo sé, Pablo, pero yo soy así y así lo quiero.